Era de la información o sociedad del conocimiento, así se habla de nuestra época en que el conocimiento dirige la vida de la sociedad en todos sus aspectos; a su vez el conocimiento universal se difunde por vías rápidas y accesibles. Los recursos necesarios son idiomas y computación. En ésta clase utilizaremos el blog para abrir mayores posibilidades de enseñanza y aprendizaje

No hay planeta B

Silvia Ribeiro*
Periódico La Jornada sábado 13 de Marzo de 2010
Un variopinto sector, que abarca algunos científicos, grandes inversionistas, poderosos gobiernos y algún ambientalista despistado, convergen en impulsar la geoingeniería o manipulación del clima, alegando que no se pueden” cambiar las causas de la crisis climática. Proponen entonces un “plan B”: técnicas para manipular grandes trozos del planeta, desde oceános a la estratosfera, para contrarrestar los efectos del calentamiento global. Saben que implica enormes riesgos y por eso afirman que es sólo para “casos de emergencia” –que ellos mismos definirán cuándo ocurre.
El lobby del carbón (cabilderos de las industrias de petróleo, energía y transportes), que por décadas negó que había cambio climático, cambió el discurso. Ahora lo aceptan, pero son grandes entusiastas de la geoingeniería. Para estas poderosas industrias (y los gobiernos que les sirven), es excelente la perspectiva de no tener que cambiar nada: proponen enfriar el planeta con tecnologías de alto riesgo, mientras siguen calentándolo sin parar. Así mantienen el lucro que obtienen con las sucias actividades que provocan el cambio climático, y consiguen ganancias adicionales con nuevos megaproyectos de geoingeniería.
El pésimo resultado de las negociaciones sobre el clima en Copenhague el pasado diciembre alentó más a estos piratas globales, que cuentan con un reducido pero influyente sector científico que les teje el discurso de justificación. La geoingeniería, que era vista como un absurdo, ahora ocupa lugares en publicaciones científicas y grandes medios. Instituciones como la Sociedad Real del Reino Unido, la Academia de Ciencias de Estados Unidos y otras, han organizado reportes y seminarios que concluyen que se debe invertir recursos públicos (además de privados) en la investigación y experimentación de geoingeniería. Son informes parciales, con participación de geoingenieros y ninguna o escasa apreciación crítica e independiente, pero sirven de base para la acción de algunos gobiernos. En febrero 2010 los comités de ciencia y tecnología de Estados Unidos y Reino Unido convocaron audiencias con participación casi exclusiva de promotores de la geoingeniería. Luego anunciaron que están elaborando legislación para financiar y permitir estos experimentos.
Esto es muy grave, porque lo que se haga para manipular el clima –un sistema global e interdependiente– no es ni nunca será, competencia de unos o pocos países, es problema de todos. Hablar de “legislación nacional” es simplemente una coartada para jusitificar experimentos que seguramente tendrán impactos dramáticos en otros países, incluso muy lejos de donde se inicien.
Para atajar la crítica, los impulsores de la geoingeniería convocan a una reunión en Asilomar, California, este marzo para crear “códigos de conducta voluntarios”, imitando la reunión que en el mismo lugar hicieron los biotecnológos en 1975, para evitar la regulación y supervisión independiente.
Una de las propuestas que más se impulsan actualmente es inyectar nanopartículas azufradas en la estratosfera, para crear sombrillas gigantes que tapen los rayos solares. David Keith, entusiasta de la geoingeniería, consiguió publicar recientemente un artículo pretendidamente serio sobre el tema, en la revista Nature (28/1/2010). Se inspira en la erupción del volcán Pinatubo en 1991 en Filipinas, cuya nube volcánica bajó la temperatura global 0.5 grados mientras se mantuvo. Claro que cualquiera que haya estado en el área de alcance de una nube volcánica, sabe que su descenso tiene impactos: la ceniza tóxica daña cultivos, flora, fauna y seres humanos. Provoca acidificación de mares y bosques.
Los que propugnan este método –hecho público por el premio Nobel Paul Crutzen en 2006– saben que las partículas inyectadas caerán posteriormente, causando daños similares en mar y tierra, además de muerte prematura de cientos de miles de personas (medio millón estimado). Crutzen contestó que también el cambio climático amenaza la vida de la gente. También se agravará el agujero en la capa de ozono, que ya tiene impactos serios en varios países del mundo: aumento notable de cáncer de piel en humanos y ceguera en ganado comprobados.
Alan Robock, un eminente climatólogo, analizó la propuesta de crear estos parasoles azufrados. Además de confirmar varios de los impactos nombrados, indicó que aunque los experimentos se hicieran en el Ártico (con la idea de “enfriar” los países del Norte, que es el objetivo de sus promotores) tendrían impactos en los patrones de precipitación y vientos globales, alterando los monzones en Asia y aumentando la sequía en África. Robock señala que esto pondría directamente en riesgo las fuentes de agua y alimentos de unos 2 mil millones de personas (Science, 29/1/2010). Explica también que para saber que sucedería con la inyección de azufres, habría que hacerlos a una escala de tal magnitud que no serían “experimentos”, sería despliegue de geoingenería, con efectos irreversibles, porque una vez colocadas en la estratosfera, las partículas no se pueden retirar a voluntad.
Esta es sólo una de las técnicas de geoingeniería que se impulsan, que se suma a otras como las de fertilización oceánica (esas fueron detenidas por una moratoria global de Naciones Unidas en 2008). La geoingeniería es un plan de los mismos gobiernos y empresas que provocaron el cambio climático, para convencernos que podrán resolver el desastre con un “plan B” que traerá más y nuevos riesgos que lo anterior, pero les permitirá mantener sus privilegios.
Ellos habrán diseñado su plan B, pero no existe un planeta B. Es imperativo cambiar las causas, no los síntomas, del cambio climático. La única regulación necesaria sobre geoingeniería es una prohibición global de cualquier experimento o despliegue en el mundo real.
*Investigadora del Grupo ETC

Cerdos, maíz y resistencia

Silvia Ribeiro*
Periódico la Jornada sábado 21 de noviembre de 2009
En Chichicuautla, muy cerca de las porquerías de Granjas Carroll –incubadores de la influenza porcina–, la gente resiste. Resisten la contaminación brutal de tierras, aguas, aire y las enfermedades que les provoca esta carnívora trasnacional, propiedad de Smithfield, la empresa porcícola más grande del globo. Resisten también la represión que contra ellos ejercen los gobiernos estatales en acuerdo con las empresas.
Allí, junto a otras comunidades del Valle de Perote con las que comparten esta lucha, recibieron a principios de noviembre a más de mil delegados y delegadas de la quinta Asamblea Nacional de Afectados Ambientales (ANAA). Como tanta veces en el México de abajo, todos colaboraron con lo que podían, ofreciendo comida y abrigo a los que llegaron de todo el país a compartir sus peleas y experiencias. La Asamblea es un crisol de luchas locales y de base contra la devastación ambiental y social que cunde en el país, en campos y ciudades. Convergen aquí pueblos, comunidades y organizaciones que resisten los impactos y el avance de proyectos mineros, represas hidroeléctricas, contaminación petrolera, grandes basureros municipales, hospitalarios, industriales y nucleares; el despojo, sobrexplotación y contaminación de ríos, manantiales y acuíferos; contaminación transgénica del maíz campesino, avance de proyectos “ecoturísticos” que limitan o destruyen formas de vida campesinas e indígenas; la urbanización salvaje y sus impactos. Como explicó Andrés Barreda, todo agravado por 15 años de TLCAN, donde el gobierno ofreció como “ventaja comparativa” de México para las trasnacionales, la libertad de destruir el medio ambiente, dar empleos sucios y mal pagados, y excepciones impositivas.
La quinta ANAA, además de compartir las distintas luchas de sus miembros y trazar estrategias comunes, aprobó tres pronunciamientos específicos: uno en solidaridad con la lucha del Sindicato Mexicano de Electricistas, contra la privatización y el autoritarismo del gobierno que deja más de 40 mil familias en la calle; otro en apoyo a las comunidades del Valle de Perote, en su justa lucha contra la contaminación de Granjas Carroll y por el “total retiro de cargos y absolución para José Luis Martínez, Margarita Hernández, Bertha Crisóstomo, María Verónica Hernández y Guadalupe Serrano, ciudadanos de La Gloria, defensores de los recursos naturales, quienes siendo inocentes sufren el hostigamiento y persecución judicial promovido en su contra por Granjas Carroll”; y un tercero contra las siembras de maíz transgénico aprobadas por el gobierno en octubre, por ser “un crimen ambiental, cultural y contra la soberanía alimentaria”. Llaman “a todas las organizaciones, pueblos y comunidades a resistir y rechazar la entrega de nuestro maíz nativo a las trasnacionales y a no plantar ni consumir maíz que no sea campesino”.
No es casualidad que la ANAA se pronunciara especialmente contra el maíz transgénico en esta ocasión: las instalaciones de cría industrial de animales como Granjas Carroll están entre los más beneficiados y confabulados con la introducción del maíz transgénico.
Un argumento que esgrimen los promotores de maíz transgénico en México es que el país “necesita” importar maíz porque la producción no alcanza para el consumo interno, y ya que el importado es transgénico, entonces es “mejor” producirlo aquí, porque además –afirman falsamente– tiene mayores rendimientos.
Pero la realidad es que México produce todo el maíz que necesita para consumo humano. El maíz que se importa va para procesamiento industrial y para alimento de animales confinados en grandes instalaciones: cerdos, aves y ganado, que en creciente porcentaje están en manos de trasnacionales y empresas gigantes como Smithfield, Tyson, Cargill, Pilgrim’s Pride, Bachoco. Según datos (muy modestos) de Sagarpa, en la última década siete trasnacionales pasaron a controlar 35 por ciento de la industria porcícola en México. Mucho más altos grados de concentración aquejan todos los rubros pecuarios. Son esas grandes fábricas de carne las que crean alta demanda de maíz industrial –dando piensos con maíz incluso a animales que antes no lo consumían o no en tal cantidad.
Ese proceso de avance de empresas gigantes en el rubro, significó también que muchos criadores pequeños y hasta medianos fueran a la quiebra –lo cual aún continúa. No pueden competir con la oferta masiva –de mucho peor calidad– ni con los subsidios y excepciones impositivas que reciben estas grandes industrias. Si la producción avícola, porcícola y de ganado no estuviera tan centralizada, los forrajes y piensos serían, como lo eran antes, más diversos y mucho más basados en producción local (que también se puede aumentar, sin transgénicos), generando trabajo y alimento a muchas más familias, evitando también la importación de maíz transgénico y los riesgos que conlleva.
No existirían tampoco la devastadora contaminación ambiental y la generación de epidemias que crean estas grandes industrias –debidas al confinamiento y la absurda cantidad de animales hacinados (Granjas Carroll procesa alrededor de un millón de cerdos al año), a los millones de toneladas de excrementos que se desechan sin procesar en suelos y aguas, que también contienen hormonas, antibióticos y plaguicidas administrados a los pobres animales para que sobrevivan en condiciones terribles.
Construir el mapa de la devastación ambiental, revelar sus conexiones y sus causas –como en este caso– es una herramienta importante para enfrentarla. Por allí, desde abajo, va tejiendo camino la ANAA.
*Investigadora del Grupo ETC

La brecha chiapaneca

Carlos Fazio
La jornada lunes 19 de abril 2010
En el contexto de la estrategia de ocupación de espectro completo (full spectrum) que lleva a cabo Estados Unidos en México, por sus características particulares Chiapas ocupa un lugar central en el mapa del Pentágono. La geografía chiapaneca forma parte de la “brecha” (the gap) en la que se ubican las zonas de peligro sobre las que el hegemón del sistema capitalista mundial debe tener una política agresiva de prevención, disuasión, control e imposición de normas de funcionamiento afines a los intereses corporativos con casa matriz en la nación imperial, pero también de persecución, desarticulación y eliminación de disidentes o insurrectos, considerados enemigos.
Cabe reiterar que no se puede entender y explicar el sistema capitalista sin el concepto de guerra. La guerra es la forma esencial de reproducción del actual sistema de dominación; la guerra es consustancial a la actual fase de conquista y reconquista neocolonial de territorios y espacios sociales. Pero es también un negocio, una forma de imponer la producción de nuevas mercancías y abrir mercados con la finalidad de obtener ganancias. En ese contexto, la brecha chiapaneca se ubica en un área intensiva en biodiversidad, donde existen grandes recursos acuíferos, petróleo y minerales de uso estratégico, todo lo que da sentido práctico rentable a su apropiación territorial y espacial.
Con un agregado: lejos del ruido mediático de la hora, Chiapas, y en particular el área bajo control de las autonomías zapatistas, es una zona creativa y de resistencia civil pacífica al proyecto neoliberal. Un área donde se procesan nuevas formas de emancipación, de construcción de libertad en colectivo por diversos sujetos sociales y movimientos antisistémicos que enarbolan un pensamiento crítico, ético, anticapitalista, contrahegemónico. Fuerzas que operan al margen de las reglas de juego y los usos y costumbres del sistema, y le dan batalla en el campo cultural, donde radican la memoria histórica, las cosmovisiones y utopías. Se trata de un nuevo sujeto histórico que ya no cree en parches ni reformas dentro del sistema y, ajeno a las viejas y nuevas formas de asimilación y cooptación, ensaya otra manera de “hacer política” y de construir un poder alternativo desde abajo. Un verdadero poder popular, autogestivo, plural, de auténtica democracia participativa con sus juntas de buen gobierno, sus municipios autónomos y sus autoridades comunitarias.
Por todo eso, el EZLN, sus bases de apoyo y aliados significan un peligro real, un desafío estratégico para Wa-shington y las grandes corporaciones de los sectores militar, petrolero, minero, biotecnológico, agroalimentario, farmacéutico, hotelero, refresquero y del falso ecoturismo, que hoy libran una sórdida guerra por la tierra y el territorio chiapaneco. Quienes se encuentran en los espacios y territorios donde existen agua, bosques, conocimientos ancestrales, códigos genéticos y otras “mercancías” son, quiéranlo o no, enemigos del capital. Por eso asistimos a una ofensiva conservadora que, bajo la forma de una guerra integral encubierta, asimétrica, irregular, prolongada y de desgaste, busca disciplinar, doblegar y/o eliminar la resistencia del campesinado indígena rebelde para llevar a cabo una restructuración del territorio de acuerdo con los intereses y requerimientos monopólicos clasistas. Se trata de una guerra privatizadora, de despeje territorial y despojo social, que hecha mano de la militarización y paramilitarización del conflicto, de la contención de los movimientos sociales y la criminalización de la protesta para facilitar la libre acumulación capitalista de las trasnacionales y sus aliados vernáculos, mediante un agresivo modelo dominante de agricultura y del espacio rural; un modelo de muerte en beneficio del gran capital.
En la que fue tal vez su última aparición pública, en diciembre de 2007, el subcomandante Marcos advirtió sobre la reactivación de las agresiones militares, policiales y paramilitares en la zona de influencia zapatista. Dijo: “Quienes hemos hecho la guerra sabemos reconocer los caminos por los que se prepara y acerca. Las señales de guerra en el horizonte son claras. La guerra, como el miedo, también tiene olor. Y ahora se empieza ya a respirar su fétido olor en nuestras tierras”. Anunció entonces que el EZLN entraría a una nueva fase de silencio y que se preparaba para resistir solo –abandonado por la intelectualidad progresista y de izquierda ante el supuesto “bajo rating mediático y teórico” del zapatismo– la defensa de la tierra y del territorio recuperado desde 1994 y bajo control de las autonomías, ante la nueva ofensiva que preparaba el émulo de Victoriano Huerta, Felipe Calderón, con su capitalismo de cuartel.
Desde entonces, como parte de la misma estrategia de ocupación de espectro completo diseñada por el Pentágono, la geografía chiapaneca se llenó de retenes y vehículos militares artillados; reaparecieron los operativos de disuasión e inteligencia, los patrullajes y sobrevuelos en zonas consideradas focos rojos, y se reposicionó al Ejército en comunidades con antecedentes de resistencia civil, al tiempo que autoridades locales y federales llevaron a cabo desalojos violentos y reubicaciones forzosas de comunidades indígenas en la Reserva de Biosfera de Montes Azules y otras áreas, como parte de una estrategia de despeje y control territorial que, disfrazada de un “espíritu conservacionista”, busca desplazar a la población para facilitar la apropiación y mercantilización de la tierra y los recursos naturales por el gran capital. Eso explica, también, que articulados desde la sede de la 31 Zona Militar de Rancho Nuevo, grupos paramilitares co-mo la OPDDIC (Organización para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos) y el llamado Ejército de Dios (bajo disfraz evangélico) estén hostigando y destruyendo comunidades zapatistas.

En caída libre

Gustavo Esteva
La Jornada lunes 19 de abril 2010
Murió apenas Emmanuel D’Herrera. El deterioro físico y mental causado por la tortura y reclusión de este notable dirigente del Frente Cívico en Defensa del Valle de Teotihuacán llevó finalmente a un derrame cerebral. Wal-Mart y Felipe Calderón cargan con la principal responsabilidad, pero casi todos nosotros la compartimos.
Emmanuel se enfrentó a la empresa más grande del mundo, con 9 mil tiendas y casi 3 millones de empleados o “asociados”. Wal-Mart México absorbió Wal-Mart Centroamérica. Ahora opera unos 2 mil negocios, con 300 mil “empleados” y ventas por mil millones de pesos diarios. Según el Frente Nacional contra Wal-Mart, México es ya el país que aporta más utilidades a la empresa.
El éxito comercial de Wal-Mart se basa, según el Frente, en la evasión fiscal, la presión sobre sus proveedores y una explotación desusada de los trabajadores, a menudo al margen de la legislación laboral. Los viene-viene de sus estacionamientos, por ejemplo, lavan autos a su costa y tienen que pagar 40 pesos diarios por su derecho a trabajar a cambio de propinas.
Esta operación atroz de la empresa, que causa todo género de perjuicios a la economía, la sociedad y la ecología, sólo puede prosperar en contextos políticos específicos, en que la manipulación de los consumidores se combina con la debilidad y complicidad de los gobiernos.
En vez de la frágil categoría “Estado fallido” se empieza a emplear ahora la de “Estado débil”. Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores en Estados Unidos, aboga firmemente por ella. Según él, los desafíos principales del siglo XX fueron creados por “estados fuertes”, que llevaron a dos guerras mundiales y a la guerra fría. Le parece que en el siglo XXI “la amenaza principal al orden global no vendrá del afán de dominio de alguna gran potencia”, sino de los estados débiles, “que carecen de la capacidad de gobernar, de la voluntad de hacerlo, o de ambas cosas” (Newsweek, 8/3/10).
Las recientes visitas de altos funcionarios estadunidenses a México, específicamente del área de seguridad, parecen confirmar la impresión que apunta Haass: los “estados débiles” empiezan a ser vistos como amenazas para el orden global y “riesgos de seguridad” para Estados Unidos. El solo hecho de que se les pueda percibir así se convierte en un riesgo serio para esos países: contiene una amenaza apenas velada de intervención, que se justificaría como necesidad de mantener la estabilidad mundial y de proteger a los ciudadanos estadunidenses.
Habrá tiempo de examinar esta nueva categoría descalificadora y sus consecuencias. Hoy viene a colación porque interesa considerar el nivel en que los analistas políticos colocan a México. Para Haass el México de Calderón está en la misma categoría que el Haití de Préval, el Congo de Kabila, el Yemen de Saleh, el Pakistán de Zardari…Por más humillante que pueda considerarse esta condición, es preciso reconocer que en México resulta cada vez más evidente que Felipe Calderón no tiene capacidad de gobernar ni voluntad de hacerlo. Por ello estaría usando el pretexto del combate al narcotráfico para dar apariencia de legitimidad al ejercicio despótico, arbitrario e ilegal de la violencia contra la población y los movimientos sociales. Este ejercicio se hace crecientemente necesario a medida que se extiende el descontento y se profundiza la insurrección en curso, y ante la necesidad de vencer la resistencia popular para entregar a corporativos como Wal-Mart lo que queda del país.
Es importante tener clara idea del contexto. Cuando The New York Review of Books reseñó una serie de libros que documentaban con todo rigor los daños a la economía y la sociedad causados por Wal-Mart, el presidente del corporativo se sintió obligado a pagar dos planas de la revista para defenderse. El documento tiene la forma de un manifiesto e intenta demostrar que la empresa busca “asegurar que el capitalismo forje una sociedad decente” y mejore el nivel de vida de todos los estadunidenses (NYRB, LII, 6, 7/4/05).
Para que esa empresa pueda seguir lucrando, en beneficio de la familia más rica del mundo, mediante el combate abierto al sindicalismo, el uso de prácticas de estilo monopólico y la explotación salvaje de sus propios trabajadores y los de sus proveedores, necesita gobiernos débiles y corruptos, como el de Calderón, dispuestos a convertirse en sus cómplices. Necesita también la complicidad de consumidores que por ventajas a menudo ilusorias cierran los ojos y desoyen las advertencias de quienes, como Emmanuel D’Herrera y el Frente Nacional contra Wal-Mart, tratan de defender lo que nos queda, antes de que sea demasiado tarde.

UNA NUEVA CIENCIA POLÍTICA ANTE LA PROBLEMÁTICA DEL ESTADO-NACIÓN..

En la actualidad es un lugar común, en el discurso de gran parte de la politología contemporánea, dar como un hecho inevitable la total desaparición –al menos en su forma actual- o un “redimensionamiento” del llamado Estado nacional o Estado-nación, en momento impredecible pero no lejano del siglo que apenas acaba de comenzar. Es más, para muchos, el proceso ya se ha iniciado. Dos, son las razones fundamentales que se esgrimen para fundamentar el supuesto.Una de ellas, desde la economía, el empuje con que se expande la llamada “globalización” –una manipulación selectiva de la mundialización en provecho propio por parte de las principales tendencias del gran capitalismo neoliberal- que serviría como base para establecer una forma “no nacional” de organización política planetaria, que sustituiría “desde arriba” el sistema actual de estructuración mundial en Estados.Sirva de ejemplo el siguiente vaticinio de hace una década sobre dicha nueva organización política: “No existirán productos ni tecnologías nacionales , ni siquiera industrias nacionales . Ya no habrá economías nacionales, al menos tal como concebimos hoy la idea. Lo único que persistirá dentro de las fronteras nacionales será la población que compone un país. Los bienes fundamentales de una nación serán la capacidad y destreza de sus ciudadanos. La principal misión política de una nación consistirá en manejarse con las fuerzas centrífugas de la economía mundial que romperán las ataduras que mantienen unidos a los ciudadanos –concediendo cada vez más prosperidad a los más capacitados y diestros, mientras los menos capacitados quedarán relegados a un más bajo nivel de vida”. (Reich, R. B., 1993)La segunda razón, aducida desde la ideología, es el auge de neo-identidades que, en la opinión de algunos especialistas, fraccionarían “desde dentro” y “desde fuera” cada Estado nacional, para -mediante la toma del poder por cualquier medio (incluyendo la violencia extrema)- dar respuesta a todo tipo de reivindicación encaminada a constituir nuevas comunidades políticas que permitan el reagrupamiento de poblaciones con una misma o afín identidad en su real o supuesto territorio “histórico”.Merece la pena reflexionar sobre un criterio expuesto en este sentido en fecha más cercana: “La época actual se caracteriza por un despertar, o nuevo despertar, de identidades e identificaciones sociales colectivas totalmente diferentes de las definidas por la pertenencia a un Estado-nación o a una clase social. El regionalismo, la afirmación lingüística y cultural, las lealtades tribales o étnicas, la devoción a un grupo religioso, la unión a una comunidad local, son algunas de las múltiples formas en que se manifiesta este despertar (...) Constituyen un importante aspecto de la crisis del Estado, y más concretamente del Estado-nación, con independencia del concepto de nación que se considere”. (Amin, Samir, 1999).El autor prefiere concentrarse en este trabajo –por razones de espacio- en la primera de las razones. Y antes de continuar, considera conveniente precisar el sentido con que utiliza los términos Estado y Nación. Respecto al primero, el autor parte de la concepción filosófica del marxismo, que aunque expresada de maneras diversas por clásicos y contemporáneos remite a una misma esencia, que puede sintetizarse como el proceso histórico y el resultado de la organización política de la población de una comunidad en un territorio, en función de los intereses económicos de una parte de ella que los impone a todos mediante el ejercicio del poder, coercitiva y hegemónicamente.Dado que aún cuando sobre el concepto filosófico de Estado existen diversas y conocidas teorías y definiciones; y como el autor ha expresado su afiliación a una de ellas, no es necesario insistir en el tema, pues no es aquí donde radica el problema. La cuestión estriba en que –a partir de una u otra concepción filosófica-, se han elaborado caracterizaciones de distintos tipos de Estado desde la teoría política. Y como no se trata tampoco de hacer aquí un recuento de tipologías estatales ni de sus formas de gobierno, en este trabajo el autor se referirá sólo al llamado Estado moderno –originado en Europa Occidental durante la Alta Edad media y expandido al resto del mundo donde constituye en la actualidad el referente generalizado-, que caracteriza operacional y sucintamente con algunos de sus aspectos particulares relevantes de la manera siguiente:Es aquel donde, quedan subordinadas la estructuras de poder a una autoridad única y central; se establecen fronteras políticas definidas y únicas para todo el territorio, a partir de la suma (por concertación o enfrentamiento) de los límites externos de los poderes subordinados; se constituye un centro jerarquizado de asentamiento de dicha autoridad en una ciudad-capital del territorio y se traspasan todas o parte de las atribuciones locales al poder centralizado; se crea un ejército profesional (incluso mercenario) , al cual se da primacía para la defensa; crece y se estructura un aparato de funcionarios públicos, pagados e independientes de otros vínculos, para garantizar las gestiones estatales (incluyendo las funciones judiciales y policiales); se incrementa la tendencia a la separación entre poder público y privado; se generaliza el libre movimiento de la población dentro de las fronteras del nuevo Estado; desaparece la identificación del poder político y la jerarquía eclesiástica religiosa o ésta se subordina a aquel: y se produce una nueva correlación entre la ciudad y el campo (reurbanización del espacio rural) en función de la expansión socio-económica del régimen. En cuanto al término Nación –para no hacer una innecesaria digresión sobre el largo y complejo debate que viene originando desde hace dos siglos su no consensuada definición científica-, se utilizará una versión resumida de la categoría operacional elaborada por el autor como parte de otra investigación anterior sobre el tema.Según esa versión, “Nación es el grupo humano estable, originado y en conformación histórica en un territorio propio; a partir de procesos étnicos, socioclasistas y culturales, complejos, endógenos y simultáneos, sobredeterminados por, e interactuante con un régimen económico único. Su surgimiento se denota por la densidad cultural-informativa que se vuelve masiva, vinculada a la aparición de una lengua de comunicación y una literatura comunes. Es condición sine cuan non el reconocimiento entre sus miembros de un origen común (cierto o mítico), comparte recuerdos históricos y expresa su autoconciencia a través de una autodenominación o “etnónimo” Presenta, como tendencia histórica, en todos o en parte de sus miembros –en tanto integrantes de la estructura socio-clasista de la comunidad—la aspiración, especialmente fortalecida por su autoconciencia nacional, a determinar su organización socio-territorial, incluyendo un Estado propio. (Cristóbal, A., 2001) Al respecto, sociólogos y etnólogos coinciden hoy en día en el criterio de que la organización básica de todo grupo o comunidad humana tiene un carácter étno-social, independientemente de que posean estructuración política propia o no, y que aquellas comunidades donde se alcanza un desarrollo propicio en tal sentido, se caracterizan por ese conjunto de aspectos que, aunque no siempre se encuentren en su totalidad en un mismo caso y aún cuando ellos se articulen de diversas maneras -en dependencia de múltiples factores-, conforman un sistema universal en permanente transformación, del que constituye siempre piedra angular la propia identidad. En cambio, por lo general los politólogos sólo conocen e identifican como exponentes de interés de ese sistema étno-social descrito por otras ciencias sociales,algunos estadios concretos (a los que no siempre llegan en su devenir histórico todas las comunidades humanas y que son, precisamente, los denominados nacionalidad y nación), probablemente en razón de que es en ellos donde se manifiesta con su mayor fuerza el ordenamiento político de la comunidad.De tal manera, al analizar problemas de índole política como el esbozado al inicio de este trabajo y referido al papel del llamado Estado-nación en la estructuración macropolitica del planeta en el presente siglo, muchos politólogos extrapolan dichos términos fuera de su contexto científico específico (sin transformarlos en categorías propias de la ciencia política) y construyen definiciones arbitrarias para fundamentar sus propias teorías políticas, útiles –por supuesto- en otros muchos sentidos Es sobre esa base reduccionista, que gran parte de los especialistas políticos han consensuado el criterio de que en la actualidad el conjunto de las comunidades humanas con ordenamiento político propio en el planeta son del tipo Estado-nación y queconstituyen un entramado universal. Sin embargo, un prestigioso investigador dedicado al tema, ha advertido al respecto que “según cálculos aproximados (...), a principios de los años setenta solamente un diez por ciento (*) de los Estados podrían afirmar que eran auténticos ...”, es decir, aquellos en los que –en afortunada formulación sintética- “los límites fronterizos del Estado coincidían con los de la nación y que la totalidad de la población del Estado compartía una sola cultura étnica” (Smith, A., 1997)Cómo, cuándo y por qué se ha originado entonces esa denominación contradictoria, común a las ciencias sociales contemporáneas, que integra dos fenómenos diferentes en una sola unidad interactiva y que posee una importante carga de ambigüedad y subjetivismo en su aprehensión científica. En realidad, hasta ahora el término Estado-nación no es un concepto ni una categoría científicamente elaborada, sino la descripción empírica de algunos aspectos que caracterizan un momento específico y no universal del Estado como fenómeno político. Puesto que si lo que caracteriza al Estado-nación como tipoes la existencia de un organismo étno-social único con un ordenamiento político propio, resulta evidente que la mayor parte de los Estados contemporáneos no lo son, especialmente fuera de Europa y los Estados Unidos.Resultaría muy extenso –y no es el objeto de este trabajo- hacer el registro histórico, no de la denominación ni de las diversas ideas que ha suscitado aquella, sino del fenómeno mismo. Pero resulta indispensable puntualizar algunas cuestiones.Fue en el momento de la construcción del Estado Moderno, en la búsqueda de una identidad colectiva que sustituyese la que hasta entonces ofreciera la religión a los Estados feudales, cuando los ideólogos políticos de repúblicas y monarquías intuyeron la posibilidad que en tal sentido brindaba la existencia universal de la identidad etno-social en toda comunidad humana, para manipular a través de ella los comportamientos de la población..Ese inicio estuvo condicionado naturalmente por las especificidades de toda índole de la Europa Occidental de entonces (primero en las ciudades-estado, después en su adaptación a las nuevas monarquías territoriales de Inglaterra, Francia y España), por lo que el “modelo” del Estado “moderno” fue una construcción teórica y práctica que sólo corresponde en realidad a esas circunstancias. Pero también descubrieron tales sectores dominantes y sus representantes ideológicos que, desde el poder centralizado que brindaba el moderno Estado que construían, a través de la coerción (“fusionando” comunidades etno-sociales diferentes) y diversas acciones hegemónicas (fortaleciendo la autoconciencia identitaria de “su población nacional”, así creada), era posible alcanzar mayores niveles de homogeneización de .la comunidad o comunidades insertas en las nuevas fronteras territoriales.Con posterioridad, a partir de la efectiva toma del poder por la burguesía, se produjeron en otros momentos históricos, “oleadas” del capitalismo constituido en “sistema en expansión”, que extendió la construcción de supuestos Estados modernos en circunstancias absolutamente diferentes, ya como parte del instrumental de dominación política colonial y post-colonial de las principales potencias en territorios de lo que consideraban su periferia. Se repetía así, a nivel de todo el sistema, el mismo proceso de concentración jerárquica vertical iniciado por algunas monarquías europeas del siglo XV con sus Estados-nación.En realidad, lo que ocurrió en una parte sustancial de ese proceso, fue el amalgamiento o el desmembramiento –mediante acciones de violencia que originaron verdaderos genocidios y etnocidios, conscientemente o no- de comunidades humanas en diversos grados de desarrollo etno-social, tales como unidades étnicas, tribus, federaciones tribales, nacionalidades, naciones y agrupamientos macroétnicos, entre otras.Es cierto que el proceso político afectó internamente también a los tres Estados europeos donde se originó (En Francia, con la eliminación del país de la lengua de Oc, cuyos remanentes actualmente son denominados Occitania, en el Midi francés, la conocida civilización Provenzal que se extendía a Cataluña e Italia por el sur; en Gran Bretaña con la preeminencia de los anglosajones en el conjunto de los habitantes de las islas y de cuyos enfrentamientos se hace derivar en la actualidad el conflicto irlandés; en España, sin lograr siquiera aplastar en su totalidad a los “gallegos” ni eliminar a las “naciones políticas” ya existentes en el País Vasco y en territorios de lo que constituía la Corona de Aragón). E incluso a su propia “periferia” (los pueblos eslavos del este, los asentados en la península balcánica, algunas comunidades nórdicas) reconstruyendo el mapa del continente.Pero fue después, con toda la fuerza del sistema económico-social capitalista y a través de los instrumentos del poder político de los Estados ya constituidos y devenidos potencias mundiales, que el modelo de “Estado-nación” fue impuesto en América. África, Asia y Oceanía con diversos métodos de conquista y colonización, reproduciendo el “modelo” europeo en algunos casos (monárquico-imperial primero, republicano después) mediante poblamientos masivos desde dicho continente y gracias a la aplicación de la fuerza pura y simple sobre los pueblos autóctonos (conformando en la mayoría de los casos simples colonias y, en el mejor de ellos, protectorados) En otro sentido, el proceso de descolonización del siglo XX, obligó a dichas potencias europeas a “desmontar” su sistema colonial, por lo que en la mayoría de los casos, de nuevo se aplicó el “modelo” de Estado moderno sobre las viejas y arbitrarias divisiones territoriales establecidas a sangre y fuego por los colonizadores en sus guerras de conquista imperial. Y para completar la obra, dichas comunidades políticas fueron denominadas también “Estado-nación”. El tiempo transcurrido desde entonces y los acontecimientos mundiales de toda índole que lo caracterizan desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial, han originado la obsolescencia del sistema de Estados así construido a partir de los tratados de Westfalia (1648). Es necesario tener en cuenta que el Estado moderno en su expresión capitalista posee la cualidad de tender a homogeneizar la población que involucra dentro de sus fronteras, razón entre otras, por la cual, las comunidades etno-sociales marginadas y no amalgamadas en la “nación política”, reivindican sus derechos a la autodeterminación política. Por otra parte, aquellas comunidades etno-sociales que quedaron divididas políticamente entre Estados diferentes, expresan su derecho a la reunificación. Es esta una de las causas del neo-nacionalismo (y otras tendencias que –para sorpresa de muchos- irrumpe con fuerza en el escenario mundial).En este mismo sentido, las principales tendencias de la globalización neoliberal establece pautas de unificación –en respuesta a necesidades de las fuerzas económicas del mercado mundial y a través de las nuevas tecnologías, especialmente en el ámbito de la comunicación y la información- que obliga a todos los Estados del planeta a asociarse de una u otra manera, en formas supraestatales y transnacionales, para reducir o evitar su desaparición absoluta como entes políticos.De ahí que el dilema esbozado al inicio, que implica la desaparición del “Estado-nacional” es reflejo de un reduccionismo teórico, asentado en ocasiones en el manejo tendencioso y no científico de la verdadera esencia del problema. Por lo expuesto hasta ahora, es evidente para el autor, que no se trata de la desaparición del llamado “Estado nación”, ni de la identidad nacional como paradigma unificador de la población integrada en una comunidad etno-social con estructura política propia o no.De lo que se trata es del intento de eliminación de la forma capitalista del actual Estado moderno para ser sustituida por otra que permita una nueva ascensión en la espiral del poder absoluto que el capitalismo como sistema mundial pretende alcanzar para satisfacer sus nuevas necesidades de desarrollo desigual y expansivo. Lo que se propone, una vez más, es la desaparición de las fronteras de cada Estado y la homogeneización aculturadora de sus poblaciones -ausentes de un poder político propio-, es decir, una manipulación tendenciosa en provecho de intereses de los centros de poder del norte industrial capitalista y a costa del natural proceso de desarrollo etno-social y político de los pueblos de la “periferia” (sea esta geográfica, al sur y al este o económico-social en todas partes, incluso en los propios Estados Unidos, fuerza rectora de todo el proceso)Queda pues, para otra ocasión, analizar la razón de ese auge de movimientos y fuerzas que desde “abajo” se proponen redimensionar el Estado-nación, y que –indudablemente- se encuentra de manera orgánica vinculado al anteriormente esbozado.¿Puede existir reticencia por parte de los politólogos a abordar un tema como éste, en el que –necesariamente- debe acudirse al resultado obtenido por otras ciencias constituídas que tienen como objeto de estudio los problemas étnicos y especialmente los de carácter nacional (sociología, etnología, antropología, historia, cultorología) para desentrañar desde la política la esencia de un tipo de Estado que constituye en la actualidad el principal referente de su disciplina, aun cuando deba comenzar por describirlo?Es cierto que “La etapa puramente descriptiva de la ciencia ha sido superada, se ha impuesto paulatinamente la explicativa y aún la pronosticadora; pero su objeto no puede liberarse de la descripción (...) las etapas por las que ha transcurrido la disciplina, en la cual la descripción que permitió la enumeración de los diversos campos de trabajo, no se ha eliminado, ni puede hacerse, ante las aceleradamente cambiantes situaciones del mundo actual.” (Fung, T. 1998) Ya en su momento, reflexionando desde la teoría política ( y tomando como punto de referencia nada menos que a Maquiavelo), uno de los más importantes marxistas del pasado siglo expresaba: “La gran política abarca las cuestiones conectadas con la fundación de nuevos Estados y con la lucha por la defensa y conservación de una determinada estructura social política” (Gramsci, A. 1997) Y el proceso de creación, modificación y desaparición del “Estado nación”, constituye por derecho propio objeto de estudio para los politólogos.En resumen, en las actuales circunstancias, esta problemática plantea al politólogo numerosas incógnitas entre las que se destacan: la caracterización del Estado-nación como categoría política.; el análisis de las causas del resurgimiento del neo-nacionalismo y otras corrientes políticas contemporáneas concomitantes con el “redimensionamieto” del Estado-nación; una valoración sobre el sistema internacional contemporáneo de Estados, en su relación con las corrientes políticas anti-Estado nacional en el ámbito de sus funciones descriptivas y explicativas. Y una visión de los posibles escenarios que sustituirían el actual en tal sentido, como parte de su función pronosticadora Es por eso que, los politólogos de una nueva Ciencia Política (especialmente si ésta se origina en las “periferias”, o al menos, si vuelven su interés profesional sobre ellas, donde quiera que se origine), no puede dar espaldas a la necesidad transdiciplinaria que el mundo actual impone a la ciencia; no puede continuar utilizando criterios del empirismo del siglo XIX -valiosos pero sobrepasados por el conocimiento actual-; no puede dejarse arrastrar por los, indudablemente importantes, aportes de la Ciencia Política occidental del siglo XX (nuevo empirismo volcado sólo sobre lo mensurable del acontecer de la democracia burguesa), ni la vulgarización de las grandes transnacionales de la información y otros medios.Y no puede desconocer los cambios cualitativos de las ciencias sociales que se ven abocadas al estudio de una humanidad diferente que requiere, ahora, del conjunto de los conocimientos adquiridos sobre ella por todos los cientistas sociales, para contribuir a su lucha por alcanzar en el territorio común el poder que permita organizar un mundo mejor para todos.

Urge restaurar la democracia: politólogo

La violación sistemática de las reglas, el analfabetismo político y la nulidad de los principios de equidad y libertad política han ocasionado desde hace tres décadas un proceso de degeneración de la democracia en los países que se rigen con este criterio, entre ellos México, transformándola en una “autocracia electiva” en la que se otorga todo el poder al personaje que resulta electo, y ocasionando un empeoramiento en la relación entre gobernantes y gobernados, por lo que debe considerarse una restauración a la democracia.
Michelangelo Bovero, célebre politólogo italiano y catedrático de la Universidad de Turín, sostuvo lo anterior al dictar la conferencia magistral Entre la democracia y la autocracia electiva. Repensar las reglas del juego, invitado por el Tribunal Superior de Justicia del estado de Hidalgo.
Señaló que la democracia mexicana no es mejor ni peor que la del resto de los países y que necesita ser restaurada como si fuera una obra de arte que fue dañada y maltratada por delincuentes; “la tarea es restituirla principalmente con conceptos justos acompañados de buena voluntad”.
“Gritar, luchar, estudiar, difundir educación democrática, inculcar a los electores que hay reglas que son la identidad de la democracia y que no deben ser violadas, son las acciones urgentes que se necesitan para resarcirla”, manifestó Bovero.
Dijo que la democracia debe ser un juego político en el que las decisiones brotan de abajo hacia arriba, y la vida pública está bajo el reino de los principios de igualdad y libertad política; sin embargo, se ha desvirtuado de tal forma que ahora es sólo un juego conflictivo en el que lo importante es ganar.
Bovero expuso que en este juego político se han fijado seis reglas fundamentales para garantizar el buen funcionamiento de la democracia, pero cuando éstas comienzan a ser violadas o no se aplican correctamente, comienza un juego diferente, que es la “autocracia electiva” en que la competencia es cada vez entre menos personajes llamados líderes y crean desigualdad.
Otra de las razones de la degeneración, agregó, es la escasez de información que tienen los electores, debido a que los políticos y los medios de comunicación se creen poseedores de la verdad, pero también existe un gran número de electores “mal informados”, situación que sólo conviene a quienes están en el poder.
El catedrático italiano aseguró que este analfabetismo político hace que los ciudadanos elijan mal a sus gobernantes, creando una “caquistocracia”, es decir, un régimen en el que gobiernan los peores.

Antipolítica, nueva corriente mundial basada en la falsa democracia: Bovero

Al analizar el grado de democracia que existe en distintos países, según las Reglas Formales de la Democracia instauradas por Norberto Bobbio, su alumno Michelangelo Bovero llegó a una conclusión personal, pero que es también una voz de alerta: “en las últimas dos décadas, parece que en efecto la historia ha cambiado de dirección, que la corriente del movimiento ha invertido su marcha, o que la que Bobbio llamaba ‘la burda materia del mundo’ ha opuesto una dura resistencia a los ideales de la democracia, de los derechos y de la paz”.
Después de una larga deliberación sostenida en el Congreso del Estado de Michoacán, a donde Bovero llegó como invitado del mismo aparato legislativo, de la Universidad Latina de América y del Tribunal Electoral del Estado de Michoacán para sostener la conferencia Los desafíos actuales de la democracia, el politólogo italiano subrayó el nacimiento de una nueva corriente mundial basada en una antidemocracia y que surge de “la difusión a escala planetaria de ciertas formas de acción política que algunos estudiosos han bautizado (como) antipolítica”.
Según Bovero, el concepto “designa con una buena aproximación la visión y la estrategia de aquellos partidos y movimientos que apuntan a agregar consensos en torno a fórmulas demagógicas neopopulistas, caracterizadas por la contraposición de la supuesta ‘voluntad verdadera del pueblo’ frente a la brutal política expresada por las culturas sedimentadas en el sistema de partidos y en las instituciones de la representación”.
Al explicar lo anterior, el ponente dijo que en Europa se ve ya el accionar “de muchos actores políticos de derecha, expresiones del llamado ‘chovinismo del bienestar’, (que) han obtenido sucesos notables con métodos antipolíticos; en América Latina, son sobre todo algunos sujetos presuntos y sedicentes de izquierda, que dirigen su discurso a las víctimas de la globalización, los que han asumido los esquemas de la así llamada antipolítica. Para designar a ambos, a aquellos de derecha y de pseudosizquierda, (he adoptado) el término antidemocracia para sugerir que no obstante el método electoral de estos actores políticos, se trata de una caricatura, de una burla barata de la democracia”.
Para llegar hasta ese punto, Michelangelo Bovero enumeró las reglas establecidas por Bobbio que teóricamente permiten consolidar una democracia efectiva, entre ellas la inclusión de los individuos en un sistema; la equivalencia de los votos individuales en un proceso de elección; el respeto a la pluralidad informativa; el respeto al pluralismo político; el respeto al principio de mayoría; y el respeto a los derechos individuales y grupales, reglas que acusan una aplicación individual en cualquier sistema social, pero que distanciadas una de otra, o mal aplicadas en cualesquiera de sus partes, impiden el establecimiento de un sistema democrático, según el conferencista.
En cuanto a los valores que emanan y sostienen la funcionalidad de esas reglas, Bovero sugirió dividirlos en dos grandes campos en que subsiste “el mundo de los valores que están vinculados a la idea de democracia, volviéndola en un ideal a perseguir”: En el primero de esos campos, añadió, se encuentra “el mundo de los valores implícitos en las mismas reglas procedimentales de la democracia, criterios que vuelven a la democracia preferible a otras formas de gobierno: tolerancia, no violencia, renovación de la sociedad a través del libre debate y fraternidad (según Bobbio, a lo que se une la herencia francesa con) libertad e igualdad”
Por lo que toca “al segundo hemisferio de valores”, el analista se refirió a aquellos que “no son valores democráticos en el sentido estricto” aunque “son valores que deben ser perseguidos para permitir la existencia misma de la democracia y su perfeccionamiento”, como la libertad personal, de opinión, de reunión y de asociación.
Bajo todo ese esquema de conceptos que a simple vista parecieran reconocibles e incluso venerados por las sociedades democráticas, pero que también son objeto de distorsiones constantes en beneficio de fines particulares o grupales, Michelangelo Bovero definió como conclusión que las manifestaciones de la antidemocracia actual pudieran categorizarse como un “fascismo postmoderno, un fascismo que de la mezcla de represión violenta y burdo engaño demagógico, característico del fascismo histórico, fomenta la hiperpersonalización de la política y a veces expresa figuras de derecha o de pseudoizquierda grotescas de poder carismático ridículo, que apunta al reforzamiento sin límites del poder ejecutivo después de haberlo conquistado, debilitando los vínculos y los controles de garantía”.
Al tomar en cuenta la premisa de Marx en la que señala que “ciertos fenómenos se presentan dos veces, la primera como tragedia, después como farsa”, el especialista destacó que al estar fusionada la tragedia y la farsa en el régimen de Benito Mussolini, el pensador Norberto Bobbio concluyó que el fascismo era ya irrepetible, aunque Bovero se mostró más cauto y dijo que él “adelantaría la hipótesis de que tal vez se ha abierto un nuevo ciclo de tragedias y de farsas, quizás en términos invertidos; plantearía la duda de que muchos episodios políticos que parecen farsas del fascismo posmoderno podrían preceder a nuevas tragedias”, puntualizó.

Conferencia de Chomsky en CU

Periódico La Jornada Martes 22 de septiembre de 2009
Ofrece Chomsky conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl
Guerra, drogas y política, elementos del mundo bipolar
Todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, llamados intelectuales
Las elecciones en EU, montajes espectaculares
En 1939 planificadores estadunidenses calcularon que fuera cual fuese el resultado de la Segunda Guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global, señaló ChomskyFoto Marco Peláez
La relación de Washington con La Habana, otro tema que abordó ChomskyFoto Marco Peláez
Asistentes a la conferencia de Noam Chomsky, realizada en la Sala NezahualcóyotlFoto María Meléndrez Parada
Trinidad Ramírez, esposa del encarcelado líder atenquense Ignacio del Valle, entregó a Chomsky el paliacate y el machete que simbolizan la lucha del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, en señal de agradecimientoFoto María Luisa Severiano
Blanche Petrich

¿Qué lecciones nos han dejado dos décadas de una realidad mundial unipolar?
Noam Chomsky disertó ayer por la tarde largamente sobre esta pregunta y dejó en oídos del auditorio ideas sorprendentes, en una conferencia magistral en la Sala Nezahualcóyotl, transmitida en vivo por TV Unam y 12 televisoras públicas y universitarias que se enlazaron para enviar la señal a Aguascalientes, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Tlaxcala, Yucatán, Durango y Nuevo León, además de por La Jornada on line.
Ideas sorprendentes como la de Barack Obama, presidente de Estados Unidos, descrito como una mercancía con una mercadotecnia tan exitosa, que el año pasado mereció el primer lugar en campañas promocionales por parte de la industria de la publicidad. Más famoso que las computadoras Apple. Tan vendible como una pasta de dientes o un fármaco.
O la idea de que la invasión estadunidense a Panamá, en 1989, hoy apenas una nota a pie de página para muchos, fue en realidad la señal de que Wa-shington iniciaba, a través de la ficción de la guerra contra las drogas, una nueva etapa de dominación, cuando apenas habían pasado algunas semanas de la caída del Muro de Berlín.
O bien, un dato puntual, asombroso: la “preocupación” manifestada en 1990, en un taller de desarrollo de estrategias para América Latina en el Pentágono, de que una eventual “apertura democrática” en México osara desafiar a Estados Unidos. La solución propuesta fue imponer a nuestro país un tratado que lo atara de manos con las reformas neoliberales. La propuesta se materializó en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994.
Así, la reseña de Chomsky de las dos últimas dos décadas llegó al momento actual, al proceso de remilitarización de América Latina con siete nuevas bases en Colombia y la reactivación de la Cuarta Flota de su armada.
Todo, para aterrizar en la visión de un continente, el nuestro, que pese a todo “comienza a liberarse por sí solo de este yugo”, con gobiernos que desafían las directrices de Washington, pero sobre todo con movimientos populares de masas de gran significación.
Congruente con esta importancia que Chomsky da a los procesos sociales y a su constante llamado a visibilizar a sus protagonistas, al concluir su conferencia magistral y una entrevista con TV Unam, el académico todavía tuvo fuerzas para encontrarse brevemente con Trinidad Ramírez, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, de San Salvador Atenco, esposa del preso político Ignacio del Valle, la cual agradeció al conferencista que fuera firmante de la segunda campaña por la libertad de 11 presos, le regaló su paliacate rojo y, por supuesto, también su machete.


Enseguida se reproducen las palabras de Noam Chomsky en la sala Nezahualcóyotl:
Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: “Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester”. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa. En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama “intelectuales” y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.
Los “principales arquitectos”
Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los “principales arquitectos” de políticas públicas en Inglaterra eran los “comerciantes y los fabricantes”, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por “gravoso” que fuera el efecto en otros –incluido el pueblo de Inglaterra– y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren “la salvaje injusticia de los europeos” en otras partes.
Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.
La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.
Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los “comerciantes y los fabricantes”, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.
Una refinada versión actual de la máxima de Smith es “la teoría de la inversión en política”, desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.
Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.
Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales provedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público –lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis–, apuntan los editores. Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.

Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravaganzas), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.
Estados Unidos no es una “democracia guiada” como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.
Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.
En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones. Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.
Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.
La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas. A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen “criminal”. Su crimen era haber “logrado desafiar” políticas estadunidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadunidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.

Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadunidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agroempresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas. En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo “el principio de la Mafia”. El Padrino no tolera que nadie lo “desafíe y se salga con la suya”, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien “logre desafiar” al Amo puede volverse un “virus” que “disemine el contagio”, por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.
Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadunidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadunidense hacia Irán a partir de 1979.
Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.
Por ejemplo, cuando Wa-shington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar “consolidar un orden en ninguna parte del mundo”, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La “credibilidad” de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar “salirse con la suya en el desafío” si el “virus” chileno no era destruido antes de que “diseminara el contagio”. Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.
Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.
Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el “momento unipolar”, que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa “conspiración monolítica y despiadada” para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.

Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.
La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la “guerra contra las drogas”, pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.
“Sofisticación tecnológica” en el tercer mundo
La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la “sofisticación tecnológica” de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la “base industrial de defensa”, eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no “haríamos responsable al Kremlin” de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.
Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo.
Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una “guerra a las drogas”, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una “revolución normativa” que confería a Estados Unidos el derecho a una “intervención por razones humanitarias” escogida por definición, por la más noble de las razones.
Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura “el así llamado ‘derecho’ a una intervención humanitaria”. Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de “responsabilidad de proteger”. Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su “responsabilidad de proteger” de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.

Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.
A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, “un esto por aquello, una reciprocidad”. El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario soviético “que la organización se transformaría en un ente más político”. Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una “zona de paz” que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.
Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.
Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: “No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles”.
Se refería a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.
Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una “fuerza de respuesta de OTAN”, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos “mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas”, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que “las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente” y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras “cruciales infraestructuras” del sistema energético. Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses. La meta es “bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán”, y “disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central”, según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo “gran juego” en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.
El lingüista Noam Chomsky, crítico del imperialismo, disertó ayer en Ciudad UniversitariaFoto Marco Peláez
Largas filas en torno a la Sala Nezahualcóyotl, en el Centro Cultural UniversitarioFoto María Meléndrez Parada
Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un “virus” que pueda “diseminar el contagio”, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.
Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta “gran área”, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un “poder incuestionable”, una “supremacía militar y económica”, y actuaría para garantizar “los límites de cualquier ejercicio de soberanía” por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.

Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su “función”. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación. En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que “explotara” su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una “estupenda fuente de poder estratégico” y uno de los “premios materiales más grandes en la historia del mundo”: la más “importante de las áreas estratégicas del mundo”, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el “control sustancial del mundo”.
Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: “Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies”, declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el “disuasivo británico”, el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.
Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella –explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower–, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una “campaña de odio contra nosotros”, como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero “por qué nos odian” y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.
Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los “regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población” y buscan satisfacer la “demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas” y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país. Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de “un clima económico y político que propicie la inversión privada”, con la adecuada repatriación de las ganancias y la “protección de nuestras materias primas”. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.
TLC, “cura recomendada”
En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran “extraordinariamente positivas”, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de “una ‘apertura a la democracia’ en México”, la cual, temían, podría “poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas”. La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que “encerrara al vecino en su interior” y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que “ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos” mexicanos en materia de políticas económicas.
En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.

Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: “no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia”. No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que “la libre circulación de mano de obra” es la piedra fundacional del libre comercio.
La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganita. La militarización de la frontera fue un remedio natural.
Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países –conocidos como “extranjeros ilegales”– son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agroempresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antimigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de migrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos. Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadunidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de “ni perros ni irlandeses” no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.
Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los “extranjeros ilegales”. Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son “personas”, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados “acuerdos de libre comercio”. Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.

El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.
En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.
En ese punto, el asesor definió la “relación especial” con el Reino Unido. “Gran Bretaña –dijo– es nuestro teniente”; el término más de moda hoy sería “socio”. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como “nuestros tenientes”. Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadunidenses, o volverse “irrelevante”. Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.
Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como “socios” y únicamente en privado continúa tratándolos como “tenientes”, como “subordinados”. Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.
Tecnología de la destrucción
El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos. En estas regiones está estableciendo, además, enormes megaembajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la megaembajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.

El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadunidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador. Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus “variadas operaciones”, acciones “contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral”. Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.
La preocupación de los sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadunidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el “sitio de seguridad cooperativa” desde el cual “puedan ejecutarse operaciones de movilidad”. El informe anota que, desde Palanquero, “casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible”. Esto podría formar parte de “una estrategia global en ruta”, que “ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África”. Por ahora, “la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano”, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.
Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.
La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir “pandillas de jóvenes” y “populismo radical”, término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.
El pretexto es la “guerra contra las drogas”, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una “guerra” en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.
Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadunidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la “guerra contra las drogas” no son los que se anuncian. Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de “limpieza social” en lo interno, enviando enormes números de personas “superfluas”, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.

Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente “tripolar”, con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal “Consenso de Washington”.
También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Sudamérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente. He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales. Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos. Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.
Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.
Traducción: Ramón Vera Herrera
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Chomsky y el hilo negro
Luis Vaca
Los señores del dinero quieren seguir dominando el mundo, para ello utilizan la guerra, las drogas y la política, ah, y también alos "intelectuales". El TLC se concibió para dominarnos. Los militares no están para defender la libertad, sinopara sojuzgar a los pueblos. ¡Que brilante análisis el de Chomsky: ¡Descubrió el hilo negro!
Gracias...
Raúl
Muchas gracias por tanto trabajo...
Observacion
Rafael Diaz
Que bueno que Chomsky estuvo en la UNAM. BRAVO. Gracias Jornaleros y Autoridades de la UNAM Que malo que la produccion de TV UNAM fuera tan deficiente. Preferi dejar de verlo, que escuchar como la maxima casa de estudios de mi pais no es capaz de tener un sistema de audio que no interfiera con lo dicho en la tribuna. Ni se escuchaba la traduccion ni se escuchaba Chomsky. Ni mi salida temprano de la chamba! Tambien el soportar a una traductora que fue incapaz de traducir en tiempo y forma lo que Chomsky tenia escrito. Me atrevo a decir que ni leer sabe la persona que estaba haciendo la treduccion "simultanea". Es penoso que Televisca y TV-Tezeca sigan siendo el parametro contra que medir las producciones televisivas. Y antes de que alguien diga porque no fui. No estoy en el DF.
Es tiempo de que estos juegos de poder topen con p
Tonatiuh Nunez
Es verdaderamente degradante ver hasta que punto unos cuantos mantienen al 80% de la población mundial en la pobreza para seguir en el poder. Es realmente humillante saber como hemos sido traicionados por nuestros gobernantes firmando un tratado hecho para socavar al país. Son traidores a la patria y a la humanidad. Es tiempo de que estos juegos de poder topen con pared. Pero no lo podemos hacer con la fuerza sino seriamos igual que los que ahora detentan el poder. Lo tenemos que hacer desde dentro de nosotros mismos desde nuestros corazones e imponer el respeto por nosotros mismos. ¡El pueblo unido jamás será vencido!
VOLTEANDO A LATINOAMERICA
ARTURO ZAVALA ZAVALA
MIENTRAS MUCHOS EUROPEOS HASTIADOS DE IZQUIERDAS ESCLEROSADAS SE REFRESCAN EN LAS NUEVAS CORRIENTES LATINOAMERICANAS, AGOTADAS O NO (LULA, CCS, EZLN, EVO, CHAVEZ, AMLO, ETC.), IGUAL QUE CHOMSKY; HAY LATINOS QUE HACIENDO CORO A LOS EUROPEOS (MARIO SOARES), APLAUDEN LA SOBREVIVENCIA DEL LIBRE MERCADO DECADENTE Y TEJEN ALIANZAS DERROTISTAS.
$$$$$$$
Espanto
¡A ver si siguen comprando sus productos!
opinion
marcos
Creo que lo que dice Noam es una verdad que nunca se ha querido admitir. Estados Unidos siempre a querido mantemner el control politico en America Latina porque es una fuente inagotable de materias primas baratas, esta politica se ha visto mas acentuada en los ultimos gobiernos panistas, donde a cambio de mantenerlos en el poder se les ha solicitado continuar protegiendo los interese gringos, como muestra un boton, quien no recuerda la rebaja en los precios del petroleo implementada por el presidente Fox a estados unidos. El control politico asegura el control de materias primas y eso es lo que busca precisamente Estados Unidos en la region.
triste...!
mariano
¡Qué triste se torna nuestra realidad en México! Gracias a uno de los pocos reales intelectuales de nuestro tiempo, podemos tener una explicación más coherente de nuestro presente, aqui en nuestro país y el orbe, es una desgracia que a las 12:00 hrs de hoy no haya ni un solo comentario. ¿Será que no podemos hacer nada serio al respecto?... ¿Dónde están nuestros críticos intelectuales? ¿Llamemos a Diógenes para que nos involucre en su búsqueda... la búsqueda de hombres pensantes y críticos que luchen por un México mejor...
Abrir los ojos
Felipe B. Pantoja
Chomsky, es una de las personalidades más importantes de nuestro tiempo; por desgracia, el pragmatismo social, cada vez deja menos espacio para asimilar las repercusiones sociales, políticas y económicas que éste visionario nos dice, cada que leo a Chomsky, me queda un sabor amargo en la boca, pero me deja un aliento de esperanza, de que más personas abran los ojos a la realidad que vivimos, para que hagamos algo real, para cambiar ésta realidad, y volvamos por el camino del desarrollo hacia el ser humano, hacia la familia, hacia una sociedad menos discriminatoria, que haga extensivos los beneficios a todos.
Entoces.. Todos contra USA?
Miguel
Sin lugar a duda, existen datos que soporten lo dicho, tal y como el ponente lo comento al principio. Que nacion y aun mas como USA le gustaria que sus habitantes tenga acceso a esta informacion?, Es una democracia o una forma de hacer politica?. Que envidia!. De cualquier forma casi todos nosotros siempre hemos vivido la historia de este lado del mundo, pero como sera la historia al otro lado del mundo con una Rusia controlando el mercado energetico en Europa sin olvidar su politica de armamento y su entrenamientos de militares chinos desde el principio del siglo o que tal la invaciones japonesas antes de la primera guerra mundial. Parece ser, que al final se seguira aplicando la ley del mas fuerte, controlando poblaciones en manos de fanaticos sin importar de que corriente son. Aqui el poder por el poder nos ha llevado donde ahora estamos. Y Ahora resulta que hasta Salinas es victima del pentagono. Entonces, la unica solucion es hecharle la culpa al otro o todos contra USA?no lo creo
Felicitaciones
Iván
Felicitaciones, muy buena nota, me agrado bastante
Actualicémonos
Aburrido
Si se le invito para hacerle un homenaje me parece muy bien y me damucho gusto que la UNAM proporcione el espacio para un académico de alto prestigio. Pero si se le invitó porque se cree que va a decir algo nuevo que no esté en sus libros o en sus artículos. O porque va a hacer iluminarnos tanto La Jornada está en un error y la UNAM también. La verdad es que tanto Chomsky como este diario tienen que actualizarse. Que Barack Obama es un producto... Claro después de 8 meses es muy oportuno decirlo bueno ¿tenía que llegar Chomsky a decirlo y La Jornada a publicarlo como si fuera noticia de 8 columnas?. De verdad que a veces una lee este diario por compromiso histórico pero nada sirve para la realidad actual. Saludos y ya sé como siempre que este comentario no se publicará. Seguro creen que soy de la "derecha" y los estoy atacando...
Comentario
CArlos
Al leer el articulo de pronto siento inclinación a creer que aquellas teorías de conspiración que circulan en la red pueden tener algo de cierto, será que existe esa hermandad de Reptilianos que controlan el orden mundial?.Lo que también saca de onda son los economistas que ante la caída de sus postulados y lo absurdamente ilógico que resulta que mientras en Europa tiran leche en muchas partes se muera de hambre,los economistas se parecen a los integrantes del vaticano o a los islamistas mas radicales, basan todas sus ideas en textos escritos en tiempos antiguos, en sociedades con visiones totalmente diferentes, y los economistas no quieren cambiar, es hora de que tiren sus libros y se atrevan a plantear nuevos esquemas para el orden económico del ser humano. Es triste que gente como Rolando Cordera no se atreva a nada, sigue debatiendo dentro de lo mismo.Tendremos que esperar al 2012 y que nos encontremos con nuestro creadores para que vengan a ajustar cuentas? Jaja estoy pacheco
Simetría
polo
Luis Vaca: "nuestro" ejército ha jugado un papel de ejército de ocupación desde el término de la gestión de Lázaro Cárdenas del Rio, tal vez generó una "amarga reacción", al "enterarse" de las múltiples semejanzas simétricas que existen entre el Salinato (PRI) y el Calderonato (PAN).
Diagnostico Acertado
Arq. Gustavo P. Basulto
ESPEREMOS QUE TOMEN NOTA L@S POSIBLES GUIAS INTERESAD@S EN TRASFORMAR DE RAIZ ESTE MAGNIFICO PAIS Y SE INSPIREN PARA ORQUESTAR LA UNIFICACION ANTISITEMICA MAS GRANDE DE LA HISTORIA NACIONAL SIN DEMAGOGIAS NI CAUDILLOS RETORICOS CON HECHOS CONTUNDENTES Y MEDIDAS SABIAS PARA ENCAUSAR EL HARTAZGO NACIONAL Y EXTIRPAR EL TUMOR CANCEROSO DE LOS NARCO-BANQUEROS, LAS MULTINACIONALES Y DEMAS BICHOS PARASITARIOS QUE COMO SANGUIJUELAS NEFASTAS CHUPAN LA SANGRE DE NUESTRO PUEBLO HEROICO Y PASAR DE LA RESISTENCIA Y LOS DIAGNOSTICOS TEORICOS A LA ACCION DIRECTA EN MASA POR EL BIENESTAR COMUN DE LA GENTE PORQUE DE OTRO MODO SEREMOS UNA ESTRELLA MAS DE LA BANDERA DEL IMPERIO QUE EN SU AGONIA NOS ARRASTRARA AL ABISMO DE LA AUTODESTRUCCION Y LA GUERRA CIVIL EN ARAS DE SALVARNOS DE LAS DROGAS Y DEL "POPULISMO NACIONALISTA".EL PLAN MERIDA ES LA PUNTA DE LANZA Y FELIPE SANTANNA CALDERON ES LA MANO QUE LA EMPUÑA. ESTE NEO-PORFIRIATO YA APESTA, ES HORA DE DARLE EL TIRO DE GRACIA ¿COMO,CUANDO Y CON QUIEN?...
Nacho , Doña Trini y Atenco.
EMILIANO VILLA
RESULTA POR DEMAS SEMIOTICO Y SEMANTICO LA ENTREGA DE LAS INSIGNIAS DEL MOVIMIENTO DE ATENCO AL GRAN CHOMSKY PORQUE SI HAY EN ESTE PAIS ALGUIEN QUE HAYA DERROTADO AL IMPERIO Y A SUS SUBDITOS SON ELLOS EN LOS HECHOS. HAY QUE RECORDAR QUE LA IMAGEN DEL INDITO SENTADO BAJO UN CATUS NO ESTA DURMIENDO,JEJEJE,ESTA AFILANDO SU MACHETE¡...SU EJEMPLO DEBE CUNDIR COMO PANDEMIA URGENTEMENTE PARA RESCATAR A MEXICO DE LOS SATRAPAS QUE LO TIENEN A PUNTO DEL SUICIDIO. NUESTRA HISTORIA ANCESTRAL, MODERNA Y CONTEMPORANEA NOS DA LA RAZON, SOMOS UNA RAZA DE GUERREROS DESAFIANTES DEL INVASOR, PARA NOAM SIENTO SERA UN AUSPICIOSO Y SINBOLICO OBSEQUIO PARA QUE SEPA QUE AQUI EL MEXICANO CONCIENTE NO DUERME, ESTA AFILANDO SU ARMA PARA REPELER Y EXPULSAR AL ENEMIGO NEOCOLONIZADOR. ESTE GRAN SIMBOLO-FOTOGRAFIA ES UNA SEÑAL DE QUE LAS COSAS CAMBIARAN CON EL PODER DEL PUEBLO Y SU GENTE UNIDA ORGANIZADOS DE MUTUO PROPIO ANTE EL CINISMO Y LA ESTUPIDEZ ILUSTRADA DEL DESGOBIERNO Y SUS AMOS EXTRANJERO. SALUDOS NACHO.
Las obvias intenciones escondidas
Etienne
Es increíble como Noam Chomsky habla (magistralmente) de procesos que son, o deberían ser, tremendamente obvios para los que sufrimos directamente sus consecuencias. En muchos sentidos lo son, y sin embargo es siempre el camino del enfrascamiento en la mediocridad y la falta de empatía lo que rige nuestra idiosincracia y, en muchas manera, permite que estas medidas dominadoras sigan siendo impuestas y ejecutadas ante nuestros ojos, como si no hubiera opción de combatirlas.
Yo estuve ahi
Jahir
Yo estuve ahi, en ese analisis tan simple, tan profundo, loque observe en ese sabio anciano fue la humanidad del hombre libre, libre de la enajenacion, libre de la influencia de moda, libre de el peso de la popularidad y del poder... Muchos años a chomsky....
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