Era de la información o sociedad del conocimiento, así se habla de nuestra época en que el conocimiento dirige la vida de la sociedad en todos sus aspectos; a su vez el conocimiento universal se difunde por vías rápidas y accesibles. Los recursos necesarios son idiomas y computación. En ésta clase utilizaremos el blog para abrir mayores posibilidades de enseñanza y aprendizaje

Empresas multinacionales

Las empresas multinacionales o empresas transnacionales son aquéllas que no sólo están establecidas en su país de origen, sino que también se constituyen en otros países para realizar sus actividades mercantiles tanto de venta y compra como de producción en los países donde se han establecido.

Las multinacionales están en capacidad de expandir la producción y otras operaciones alrededor del mundo, así como de movilizar plantas industriales de un país a otro. Los procesos de fusión y las alianzas entre ellas,les permiten alcanzar un creciente poder e influencia en la economía mundial.

Su filosofía tiene un concepto global, mantienen un punto de vista mundial en sus negocios sobre los mercados (clientes), servicios y productos, bajo el cual conciben al mundo entero como su mercado objetivo. Estas empresas se caracterizan por el empleo de trabajadores tanto del país de origen como del país en el que se establecieron.

El término "multinacional" debe entenderse en lo que a mercado se refiere no a la naturaleza de la compañía: de hecho, es habitual que se califique el término "multinacionales" de engañoso y se prefiera llamarlas "transnacionales", ya que aunque operen en varios países, su sede y principales directivos, así como el origen de su estrategia y la administración en general, se decide en su país de origen sin ninguna influencia de sus filiales de ultramar. Se argumenta así que por el hecho de que, por ejemplo, McDonald opera en múltiples países no deja de ser una empresa estadounidense y no "multinacional".

Defensores

Los seguidores de este tipo de compañías argumentan que el establecimiento de éstas en un país determinado contribuye con la ocupación de personas del país en el cual se establecen; es decir, generan empleo para muchos trabajadores de este lugar.

De la misma forma, estas empresas multinacionales también deben enfrentar la competencia de otras multinacionales o de empresas locales fuertes en los mercados en los cuales venden sus productos. Esta competencia requiere que estas compañías respondan a las necesidades y exigencias de los mercados locales sin perder eficiencia a nivel mundial, haciendo que inviertan recursos en investigación y busquen avances tecnológicos, administrativos y productivos con los cuales puedan obtener beneficios. Al aplicar estas tecnologías y conocimientos, se produce una transferencia de éstos a los países en los cuales hacen presencia tales empresas.

Crítica

Los críticos de las compañías multinacionales, por su parte, argumentan que estas compañías se convierten, en algunos casos, en explotadoras de los países en los que se pues éstas muchas veces se ubican en países en los cuales os salarios de los trabajadores son bajos, lo que hace que los costos de los productos sean menores.

Mientras que los defensores argumentan que las transnacionales son la auténtica esencia de la economía global y que son cruciales paraprogreso de las poblaciones mundo en desarrollo (ver Consenso de Washington), los críticos piensan que la realidad es muy diferente (globalización)

Las empresas transnacionales emplean sólo un 3% de la fuerza de mundial (y menos de la mitad de estos empleados está en el Sur). En aquellos sitios en los son , la contienda entre gobiernos para atraer las inversiones de las transnacionales ha provocado una caída espectacular de las condiciones laborales, dando pao a una precariedad que ha perjudicado los derechos de los trabajadores. Y mientras que las grandes corporaciones utilizan su inmenso poder de compra y de acción para coger las riendas de los mercados locales, las compañías locales son literalmente barridas de la escena.


Algunos ejemplos de esta explotación es la destrucción de ecosistemas completos por parte de grandes corporaciones mineras y petroleras, los miles de personas muertas en desastres como el de Bhopal, en India.

Diversas organizaciones, sindicatos, partidos y ONG llevan a cabo diferentes campañas contra los abusos de esas corporaciones industriales. En Internet destaca como modo de acción el ciberactivismo.

Estos son algunos de los pros y los contras de las empresas multinacionales, las cuales, a pesar de las grandes críticas , son un fenómeno que se hace cada vez más fuerte a nivel mundial.

Sistema político

Un sistema político es la plasmación organizativa de un conjunto de interacciones estables a través de las cuales se ejerce la política en un contexto limitado.[1] Este sistema viene formado por agentes, instituciones, organizaciones, comportamientos, creencias, normas, actitudes, ideales, valores y sus respectivas interacciones, que mantienen o modifican el orden del que resulta una determinada distribución de utilidades, conllevando a distintos procesos de decisión de los actores, que modifican la utilización del poder por parte de lo político a fin de obtener el objetivo deseado.

Orígenes de la teoría sistémica en la ciencia política

Algunos politólogos e historiadores afirman que el concepto de sistema político se empieza a vislumbrar con Aristóteles y dentro del enfoque pseudosistémico aplicado a la política en el Leviatán de Hobbes. Sin embargo, es en el marco de la teoría general de sistemas, que surge del marco de estudio biológico desarrollado por Ludwig von Bertalanffy a mediados del siglo XX, cuando aparece con entidad el concepto dentro de la Politología y la Sociología occidental. Su origen se atribuye a autores como David Easton, Almond, M. Weinstein o H. Jaguaribe, que aplican por primera vez la teoría sistémica a la vida política, añadiendo a su fundamento la concepción estructuralfuncionalista del sociólogo estadounidense Talcott Parsons sobre el análisis sistémico y estructural de la vida social que define funcionalmente los procesos de cambio en la sociedad y la política.[2] Éste define cuatro funciones que deben ser realizadas por un sistema y que se hacen requisitos imprescindibles para atribuir efectivamente la conceptualización de sistema político a un ente determinado:[3]

De esta forma, el concepto nace a partir de la teoría general de sistemas y se ha vinculado históricamente a la teoría funcionalista.[1] En sus comienzos se formaron unas grandes expectativas alrededor del el análisis de sistemas tanto en su versión organicista y funcionalista, cuyos desarrollos elaboraban Easton y Almond y en su versión mecanicista y cuantitativa, elaborada por Kaplan.[4]

Así, ha desarrollado los conceptos y ha presentado un esquema de análisis político más organizado, generalizando una terminología propia e independiente del análisis jurídico e sociológico dominante antes de los años cincuenta. Sin embargo no se ha formalizado ni se han podido establecer las ecuaciones, principios o leyes que determinen mecanismo de funcionamiento del sistema. Los conceptos y presentar un esquema de análisis cualitativo más organizado y con una terminología propia e independiente del análisis jurídico y constitucional dominante antes de los años cincuenta.[5]

Conceptualizaciones

Principales definiciones del concepto de sistema político expuestas cronológicamente.

[editar] Definición de David Easton

El politólogo canadiense David Easton quería convertir la Política en una ciencia elaborando modelos abstractos que describieran las regularidades de los patrones y procesos en la vida política en general a través de la teoría de sistemas creando un enfoque de estudio de la política como ente biopolítico. El resultado de su trabajo se convierte en la primera definición del concepto efectivamente independiente del análisis jurídico y constitucional dominante antes de los años cincuenta en concordancia con la teoría organicista:

Un sistema político es un conjunto de interacciones políticas. Lo que distingue las interacciones políticas del resto de interacciones sociales es que se orientan hacia la asignación autoritaria[6] de valores a una sociedad.
David Easton, The Political System, 1969.[7]
Modelo de Easton.

Con esto quiere decir que lo que define a un sistema político es su función de distribuir valores que la sociedad considera útiles como el dinero, la educación, el poder, etc. Así, tomando un país como muestra de estudio, éste se configura como un sistema complejo, dentro del cual los elementos que lo integran, considerados como grupos o como individuos, interactúan de manera muy intensa en función de ciertas pautas de comportamiento. De esta forma, para Easton, lo que define a un sistema político es su función de distribuir valores que la sociedad considera útiles como el dinero, la educación, el poder, etc. Dichas interacciones operan mediante flujos entre entradas y salidas (inputs y outputs) a través de un cambio dinámico que se retroalimenta (feedback). Las entradas son las demandas y apoyos que el sistema recibe de los intereses de la sociedad. Éstas entradas se trasladan del ambiente social al sistema político responsable de la agregación y articulación de esas demandas, funciones que cumple la caja negra (black box), formada por aquéllos que ocupan determinados roles, sean individuos o grupos, los cuales son capaces de orientar los contenidos del proceso político; que actúan como filtro del sistema, a través de mecanismos de reducción y selección de demandas. Los outputs son la respuesta del sistema a aquellas demandas, las decisiones y acciones que se toman tras el proceso de decisión; que cuando interactúan con el entorno, generan nuevas demandas y apoyos, por lo que el proceso vuelve a comenzar. Este modelo se ha denominado circuito de retroalimentación, o de autoreproducción, o de autoperpetuación (feedback loop) y permite a las autoridades sondear el estado del sistema y corregir errores y perturbaciones.[1]

Su modelo principal estaba dirigido por una visión organicista de la política, como si ésta fuera un ser vivo. Su teoría es una declaración de lo que hace que los sistemas políticos se adapten, sobrevivan, se reproduzcan y sobre todo que cambien. De esta forma, con el apoyo de la teoría cibernética Easton crea un modelo de circuito cerrado cuyo interior funciona e interactúa, unidad básica del análisis, construyéndolo mediante abstracción; y denominándolo sistema político. Éste concentra distintos elementos entre los que define:

  • Comunidad política: grupo de personas vinculadas por una división política del trabajo.
  • Régimen político: conjunto de condicionamientos que tienen las interacciones políticas, que se compone por:
    • Valores: principios orientadores de la acción, objetivos a alcanzar.
    • normas: elementos que explicitan que procedimientos son aceptables en la transformación y distribución de las las demandas.
    • Estructuras de autoridad: modelos formales e informales con los que el poder es organizado y distribuido.
  • Autoridad: característica común que poseen aquellos que ocupan roles activos en la política que llevan a cabo la gestión política de un sistema: poder legitimado.

A Easton le interesa especialmente la interacción que presenta el sistema con lo que conceptualiza como medio ambiente social. Este medio ambiente queda conformado por distintos niveles:

Medio ambiente
Nivel intrasocial
Nivel extrasocial
Nivel social
Nivel no social o de sociedad global
Nivel exterior a la sociedad global
Nivel económico
Nivel ecológico
Nivel económico internacional
Nivel cultural
Nivel biológico
Nivel político internacional
Nivel social
Nivel psicológico
Nivel religioso

El ambiente total, por tanto, puede dividirse en niveles partes: el ambiente intrasocial y el extrasocial. El primero se refiere a todos aquellos sistemas que pertenecen a la misma sociedad que el sistema político. Son segmentos funcionales de la sociedad. En cambio la parte extrasocial está formada por los sistemas que están fuera de la sociedad dada, es decir la sociedad global. Y es que Easton afirma que sistema político se rodea de otros ambientes, contemplándose como un sistema abierto también, ya que es influido e influye a los otros ambientes.

Easton interrelaciona el sistema político con su entorno socioeconómico y cultural a través de demandas y apoyos. Las primeras reflejan las insatisfacciones que genera el sistema, lo que exige cambios en la distribución de los valores societarios escasos. Los apoyos permiten buscar soluciones a las demandas que posibiliten su estabilidad. De esta forma evalúa al sistema político en su dinámica y no en su estática, considerando la existencia de una permanente crisis e inestabilidad que en agudos momentos de conflicto y conmociones pueden conducir a un cambio del sistema. Considera pues positivamente tanto a la estabilidad como el cambio, porque éste, en un momento determinado es el que puede favorecer la retroalimentación del sistema político.[8] De esta forma, el hecho de que algunos sistemas sobrevivan es porque generan una capacidad de respuesta a las perturbaciones que se vincula con su capacidad de adaptación a las mismas, permitiendo su supervivencia. Si el sistema sobrevive se denomina sistema político estable; si por el contrario quiebra se denomina sistema político disfuncional.

Esta definición ha sido criticada argumentando que, en el afán del autor de crear concepto de sistema político aplicable a cualquier forma de organización social en cualquier momento histórico y en todo espacio geográfico, éste ha quedado difuso e indeterminado.[5] En búsqueda de una mayor precisión elabora los conceptos de sistema parapolítico o también llamado sistema político interno. Al reconocer la existencia de sistemas parapolíticos, acepta que la evidencia de que la política ocurre en todas partes en donde se desarrolla un poder que busca lograr un objetivo.[9] Por otro lado, su continúa dirección hacia la estabilidad y el aislamiento al que somete al sistema fracasa a la hora de explicar rupturas o conflicto y rechaza cualquier accidente o input exterior que pueda distorsionar el sistemas. Destaca también que su modelo de competencia y ajuste frente los cambios a los que se ve sometido el sistema no considera modelos estables a dichos cambios por la escasez de competición política (totalitarismos y distopías). Pese a no ser falsable teoría influyó notablemente en la traducción pluralista en ciencia política hasta finales de los años sesenta donde destacan Harold Lasswell y Robert Dahl.

[editar] Definición de Jean William Lapierre

Jean William Lapierre realiza una definición a partir del trabajo de Easton pero tratando de menguar su generalidad:

Un sistema político es un conjunto de procesos de decisión que conciernen la totalidad de una sociedad global
Jean William Lapierre, L’analyse des systèmes, 1976.[10]

En este concepto hay implícita la distinción entre dos grandes categorías de decisiones: las relativas a la coordinación o regulación de las relaciones entre los grupos particulares, y las correspondientes a las acciones colectivas que comprometen o movilizan a la totalidad de la sociedad global, siendo las segundas la que configuran el sistema político. Sin embargo, esta afirmación ha sido criticada por parecer un objetivo prescriptivo más que una descripción de la realidad ya que existen decisiones que llamamos colectivas, y por tanto forman parte del sistema político, no afectan ni involucran a toda la sociedad global.[5]

[editar] Definición de Gabriel Almond

Gabriel Almond elucubró una definición propia del sistema político acorde con la teoría funcionalista:

Un sistema político es un sistema de interacciones, existente en todas las sociedades independientes, que realiza las funciones de integración y adaptación, tanto al interior de la sociedad como en relación con las otras, mediante el uso o la amenaza del uso de la violencia física más o menos legítima
Gabriel Almond, A functional approach to comparative politics, 1976.[11]
    • Socialización y reclutamiento político: Formación de unas determinadas actitudes, valores y creencias para la posterior incorporación de los sujetos al sistema.
    • Comunicación política: Aplicación de los mismos reflejando el proceso de retroalimentación, de tal forma que el poder legitimado o no se relaciona con el objetivo.

Las principales críticas a esta definición argumentan la falta de concreción sobre la consideración de una sociedad como sociedad independiente, la limitación dentro del logro del objetivo de las vías de la violencia como sistema y que su trabajo responde a un esquema de conceptos en lugar una teoría sobre los sistemas políticos de naturaleza explicativa.[5]

[editar] Definición de Karl Deutsch

Karl Deutsch se basó en la teoría cibernética en consonancia con la mecanicista para construir un modelo de sistema político visto como si se tratara de un sistema de comunicación en el que el actor que busca obtener el poder ejecutivo es considerado un centro de toma de decisiones.[9] Para ello retoma las ideas de Easton y plantea la idea de un sistema político como un conjunto capaz de autodirigirse a partir de la información que recibe del medio ambiente con el cual interactúa mediante flujos.

Este modelo simplificado consiste en un diagrama que representa el flujo que parte de unos receptores que captan, seleccionan y procesan la información interna y externa. Las decisiones en el sistema se toman con base a estas informaciones, relacionadas con la memoria y los valores del sistema, simplificación de elementos que forman el sistema, y se traducen en unos determinados resultados o consecuencias que realimentan de nuevo el flujo de información.[12]

Los conceptos fundamentales de este enfoque según su autor son la carga, capacidad de carga, demora, delantera y ganancia. Éstos permiten la medición de los flujos y la construcción de indicadores de actuación del sistema.[12]

  • La carga es el total de información que es tomada en un momento dado.
  • La capacidad de carga es definida como una función del número y clase de los canales de disponibles.
  • La delantera es la capacidad del sistema para reaccionar anticipadamente con base a previsiones de consecuencias futuras.
  • La demora es una medida de la tardanza en informar y actuar sobre información referida a las consecuencias de las decisiones tomadas.
  • La ganancia es la extensión de la respuesta del sistema a la información que recibe.

Este modelo ha sido duramente criticado por ser especialmente mecanicista, estático y conservador, argumentando la inidioneidad de la analogía realizada entre los procesos políticos realizados por humanos, bastante más complejos que los procesos de información de las máquinas, y estos últimos, y la expectación que realiza en torno a los procesos de flujo de información, dejando en un plano secundario los resultados de las decisiones políticas.[13] De la misma forma, sobre sus indicadores se afirma que dejan de lado muchos aspectos sustantivos y cualitativos del proceso.[5]

[editar] Definición de Maurice Duverger

Maurice Duverger, jurista, politólogo y político francés del siglo XX, parte de la distinción existente entre los conceptos de institución política, régimen político y sistemas.

Un sistema político es el conjunto del sistema social estudiado en sus aspectos políticos
Maurice Duverger, Institutions politiques et droit constitutionnel (I. Les Grands Systèmes Politiques), París, 1955.[14]

Para Duverger el sistema político es la entidad en el cual confluyen los actores políticos. Las instituciones políticas son, a su vez, las partes integrantes de un subsistema político que es lo que se denomina régimen político.[5]

[editar] Definición de Samuel Phillips Huntington

Samuel Phillips Huntington es un politólogo y profesor de Ciencias Políticas estadounidense de la Universidad de Harvard, del siglo XX.

Un sistema político es un conjunto formado por unas determinadas instituciones políticas, que tienen unas determinadas expresiones formales identificables en el régimen jurídico, en relación con un cierto nivel de participación que se manifiesta en conductas observables empíricamente y referidas al ejercicio del poder político por medio de las instituciones y los actos del gobierno.
Samuel Phillips Huntington, Political Order in Changing Societies ("El orden político en las sociedades en cambio") New Haven, 1968.[15]

Según Samuel se podría definir el nivel de institucionalización de cualquier sistema político por la adaptabilidad, complejidad, autonomía y coherencia de sus organizaciones y procedimientos.

[editar] Definición de David Ernest Apter

David Ernest Apter es un politólogo estadounidense y profesor emérito de Política comparativa y Desarrollo social de la Universidad de Yale. David parte de una definición conductualista criticando el enfoque de sistemas afirmando que es demasiado aparatoso y alejado de la realidad, por lo que elabora una definición que trata de acercarse a la misma considerando pautas sociales y de conducta.[5]

Un sistema político es una formación que resulta de la relación entre las normas de una sociedad y las pautas de autoridad prevalecientes.
David Ernest Apter, The Politics of Modernization ("Estudio de la modernización") Chicago, 1965.[16]

Apter predijo que el futuro de la Ciencia política estaba más en el neoconductismo que en el neoinstitucionalismo.[16] Esta preidicción ha sido criticada afirmándose que parece que la Ciencia política no puede renunciar al estudio de las instituciones. Sin embargo, el análisis politológico ha incorporado una visión de sistema desde la ciencia del comportamiento, que le permite observar aquellos fenómenos que no visibles desde el punto de vista estricto del Derecho público y el Derecho constitucional.[5]

[editar] Sistematizaciones

Al existir varias definiciones del concepto también existen diversas tipologías de sistemas políticos. Éstas se construyen con fines esquemáticos o comparativos y presentan las mismas trabas que las que presentan la línea definitoria a la que pertenecen. La mayor dificultad se concentra en saber elaborar un modelo sinérgico entre la exacta generalidad teórica y la efectiva realidad empírica.

[editar] Esquema de Samuel Phillips Huntington

El esquema elaborado por el politólogo estadounidense Samuel Phillips Huntington obedece al cruce de dos variables que el autor identifica como claves para explicar el desarrollo político: el nivel de institucionalización del poder y el de participación política en el proceso de decisión. Este razonamiento queda reflejado en su obra Political Order in Changing Societies («El orden político en las sociedades en cambio»).[15]

Según su nivel de institucionalización los sistemas políticos se configuran con el poder ejercido a través de las leyes o a través de las personas. Por otro lado, la participación puede ser baja, estando restringida a un pequeño grupo de personas que concentran el poder legitimado (élite burocrática, aristócrata, adinerada, racional, demagoga...); puede ser media, cuando los grupos de las clases medias acceden a la política; o puede ser alta, cuando a estos dos tipos de grupos sociales se suman los sectores populares.

La relación entre ambas variables no pretende sólo crear esquemas de clasificación, sino que obedece a una hipótesis que pretende explicar la estabilidad del modelo. Esta hipótesis supone que existe una relación directamente proporcional entre la participación política y la institucionalización. A partir de ésta, Huntington deduce diferencias entre dos tipos básicos de sistemas políticos: los cívicos y los pretorianos.

Los sistemas políticos cívicos son los sistemas políticos que gozan de un nivel de institucionalización y adecuadamente proporcional al nivel de participación. Los sistemas políticos pretorianos son aquellos que poseen bajos niveles de desarrollo institucional y elevados niveles de participación, de tal forma que el pretorianismo es el resultado de un nivel de participación mayor que aquel que las instituciones pueden enfrentar. A partir de este modelo de dos variables Huntington identifica hasta seis tipos de sistemas políticos que configuran las características principales de varias formas de gobierno:

Participación política
Baja (tradicional) Media (transicional) Alta (moderna)
Relación de institucionalización
y participación
Alta (cívica) Sistema orgánico Sistema progresista Sistema de participación
Baja (pretoriana) Sistema oligárquico Sistema radical Sistema de masas


Este esquema muestra como el estudio de la política desde la perspectiva del comportamiento del sistema político da autonomía a la Politología. Así se ofrece una perspectiva para el estudio de los problemas de estabilidad, orden y cambio de los Estados y sociedades en desarrollo virtualmente imposible de llevar a cabo desde la perspectiva más tradicional del estudio de las formas de gobierno. De esta forma se produjo un importante cambio de perspectiva acerca de la relación entre modernización y estabilidad política al mostrar que no necesariamente una mayor participación política conduce a un sistema político desarrollado y sostenible.[5]

Además, en dicha obra realiza otro esquema barajando otras dos variables: el alcance las instituciones y la fuerza de las instituciones. De esta forma considera la influencia en las mismas de características como el nivel y distribución de la riqueza, del nivel y distribución del medio rural y urbano, y del nivel de corrupción, entre otros factores, determinando otros cuatro tipos de sistemas políticos:[15]

Alcance de las instituciones estatales
Alta
Baja
Fuerza de las
instituciones estatales
Alta Sistemas políticos estables Sistemas políticos débiles
Baja Sistemas políticos fuertes Sistemas políticos inestables

La tipología de Huntington pone de relieve la importancia de analizar aspectos de comportamiento político con aspectos institucionales, pero sus conceptos a veces se alejan demasiado de las realidades institucionales de los países que estudia.

[editar] Esquema de David Ernest Apter

El politólogo estadounidense David Ernest Apter conceptualiza los sistemas políticos conforme a dos variables: que valores dictan las normas de una sociedad influyendo en el proceso de decisión y cómo se ejerce este poder legitimado o autoridad. En su modelo los valores pueden representarse como ideologías o preceptos éticos o como metas sociales concretas; es decir, de modo instrumental o de manera consumatoria. La autoridad puede ser ejercida jerárquica o piramidalmente. Así, del cruce de las dos variables Apter se derivan cuatro tipos de sistemas:

Autoridad
Jerárquica
Piramidal
Normas
Valores consumatorios Sistemas de movilización Sistemas teocrático
Valores instrumentales Sistemas burocráticos Sistemas de conciliación

Los sistemas de movilización poseen una ideología política universalista que permite que las cuestiones de interés se pacten como cuestiones de valor. La forma de gobierno correspondiente a este sistema política son los totalitarismos que incluyen un líder carismático o profético que moviliza con una ideología proselitista. El sistema favorece el uso de técnicas como la demonización, la desinformación o el mesianismo. El líder ha de enfrentar el problema que Weber identificó como ritualización del liderazgo que conduce, a su vez, a la declinación de las creencias y la búsqueda del interés personal sobre el comunitario.

Los sistemas de conciliación son aquellos sistemas políticos en los que el proceso de decisión se produce con base en la búsqueda de una solución conciliadora para todos tomando especial importancia para la legitimación del poder los mecanismos de negociación, de los que depende el sistema. De esta forma se intenta influir en la decisión utilizando diversas técnicas para lograr que el resto de interlocutores se encuentre satisfecho con su decisión. Toma forma en modelos de toma de decisiones como el cubo de basura de March y Simon[17] o el poder horizontal de Pfeffer.[18]

Los sistemas burocráticos son aquellos sistemas políticos en los que el proceso de decisión se realiza atendiendo a que la legitimidad aparece en virtud de normas ya establecidas e institucionalizadas a través la tradición como proceso racional. Propenden a favorecer los reclamos de representación basados en el interés y los regulan de acuerdo a patrones institucionalizados y reconocidos. La forma de gobierno idónea por definición para este sistema es la burocracia.

Los sistemas teocráticos son aquellos sistemas políticos en los que el proceso de decisión se produce basándose en normas ya establecidas e institucionalizadas según creencias de índole religioso o meramente ideológico. La forma de gobierno más idónea por definición para este sistema es la teocracia.

Esta tipología en ocasiones resulta es especialmente vaga, pero muestra el valor de tener en cuenta aspectos del funcionamiento del sistema, además de las instituciones; y puede servir de base para estudio de fenómenos políticos como el populismo.[19]

[editar] Esquema de Maurice Duverger

El jurista, politólogo y político francés Maurice Duverger analiza lo que él denomina como «los grandes sistemas políticos», que se corresponden con los sistemas políticos en auge durante momento histórico en el que escribió su obra, el siglo XX. Duverger realiza su tipología en función del sistema propicio para el resultado idealmente adaptativo de dos variables: el régimen político (democracia o dictadura) y el sistema económico (socialismo o capitalismo). De las combinaciones en las que estos regímenes pueden aparecer y desarrollarse dentro de un sistema se obtienen cuatro tipos de sistemas políticos:

Democracia socialista
Dictadura capitalista
Democracia liberal Sistema liberal Sistema capitalista
Dictadura socialista Sistema socialista Sistema autoritario

La tipología de Duverger está fuertemente influida por la situación histórica que analizó para construirla siendo su elaboración teórica menos desarrollada con respecto a las anteriores. Su valor está en que pone de manifiesto la importancia de tener en cuenta las instituciones efectivamente existentes a la hora de teorizar sobre los sistemas políticos.

[editar] Véase también

Emilio Durkheim y El Hecho Social



















































































































































































































































































































Giner, Salvador. Teoría sociológica clásica. Ed. Ariel.


España. 2001.


Nievas, Flavian. Algunas Cuestiones de sociología. Ed. Proyecto. Argentina. 2008.

Diálogo entre Porfirio Díaz y sus detractores a cien años de su expulsión
Detractores: General Porfirio Díaz, el pueblo de México lo expulsó de la presidencia y del país porque su Régimen Político se hizo insostenible por la injusticia en que vivían campesinos y obreros; sin ley ni orden que viera por ellos. Los periodistas o sufrían el silencio o padecían al cárcel por decir lo que no convenía al césar. Los terratenientes disfrutaban de todos sus favores : despojaban a los pequeños propietarios de sus tierras; las comunidades indígenas conocieron de usted la represión como Tomochic, el traslado de su lugar de origen a otras tierras a sufrir la peor explotación como es el caso de los yaquis en Valle Nacional, y en todo el país tratos inhumanos a los campesinos. Todo, mientras los dueños de las haciendas vivían en México o en Paris, disfrutando la Bella época.
Los recursos naturales que ya no pudieron ser objeto de explotación del español colonizador, usted los entregó al capital extranjero.
P.D. Las concesiones que mi gobierno hizo al capital extranjero se explican dentro de la dinámica del capitalismo que había entrado a su etapa imperialista y los grandes se desplazaban por el mundo entero. Por nuestra parte los países receptores del capital, recibíamos, aunque fuese de manera mínima, algún beneficio, es el caso de ferrocarril, teléfono, telégrafo y energía eléctrica.
Detr. ¿Y de los campesinos que me dice Ud.?
P. D. Ellos fueron los que más sufrieron, el país era rural en más de 90%; no había comunicaciones; las leyes jurídicas sobre salarios y condiciones de trabajo, dependen de instituciones que mi gobierno no había podido crear por que el Estado estaba en construcción.
Detr. Pero un trato humanitario no requiere de leyes escritas.
P. D. Por qué se me culpa de los tratos de los hacendados a los campesinos. Cada individuo es responsable de sus actos, sean bondadosos o crueles. Ningún gobierno tiene capacidad para controlar a los miles de patrones que existen en un país.
Detr. ¿Sobre la falta de libertades a la prensa que tiene que decir Ud.?
P.D. Bueno, es hora de que hablemos claro:
Yo hice concesiones en sectores básicos de la economía; los regímenes posrevolucionarios permitieron la entrada del capital extranjero en forma indiscriminada.
Los campesinos, parecía que iban a tener mejores condiciones de vida de acuerdo a lo que disponía el artículo 27 de la constitución de 1917, el reparto de tierras más importante fue con el Presidente Lázaro Cárdenas, no obstante, la pobreza y la injusticia prevalecen hasta la fecha.
Respecto a los diversos sectores de trabajadores, en mi gobierno o tenían garantías por escrito, hoy las tienen, ¿y se cumplen?
Me reclaman que no había libertad de prensa. Eso es algo que ni la Revolución resolvió: En la década de los 60 había una llamada prensa marginal, era esa prensa rechazada y perseguida por el Régimen, en 1978 hubo una reforma política que incluyó el derecho a la información; hacia fines del siglo había logros innegables en ese sentido, sin dejar de lado el monopolio que ha tenido al respecto la radio y la TV. Con el PAN en el poder Martha Sahagún, demandaba a quien se atrevía con ella o con sus hijos. Y finalmente el narco tráfico se propone callar a la prensa.
Y hablemos de otras cosas:

Los alimentos en problemas

La Jornada. Editorial
Domingo 26 de Sep de 2010

En un reporte presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el organismo da cuenta de un brusco encarecimiento en los precios de granos básicos: entre julio y septiembre, los costos internacionales del trigo aumentaron hasta 80 por ciento; los del maíz lo hicieron en 40 por ciento y los del arroz, con un comportamiento más moderado, crecieron 7 por ciento. La volatilidad de los precios de los cereales fue calificada ayer como la mayor amenaza para la seguridad alimentaria por un grupo de expertos del organismo internacional, convocados a una reunión extraordinaria en Roma este fin de semana.
En efecto, el escenario es delicado y preocupante si se considera que los cereales mencionados constituyen la base de la alimentación mundial y que su encarecimiento tendrá impacto negativo en la economía de los países pobres y en sus respectivas poblaciones.
No deja de ser significativo que el incremento de los precios de estos productos ocurra en una época de notable crecimiento en la producción alimentaria mundial: la propia FAO informó anteayer que la cosecha de cereales en 2010 –unos 2 mil 239 millones de toneladas– será la tercera más alta de la historia. Este ensanchamiento coincide, sin embargo –como reconocieron los expertos del organismo multinacional–, con el creciente interés de los grandes capitales en invertir en alimentos en los mercados a futuro, y con los temores de escasez derivados de medidas como la suspensión de las exportaciones rusas y la adquisición, por parte del gobierno egipcio, de grandes cantidades de granos. No se trata, pues, de un problema de escasa producción de comida, sino de pobreza y de voracidad especulativa.
La circunstancia descrita constituye una descalificación rotunda al modelo económico impuesto desde los años 80 del siglo pasado por los centros de poder mundial, cuya lógica considera a la alimentación como una inmensa oportunidad de negocio, no un derecho fundamental y básico. En naciones pobres y dependientes como la nuestra, la aplicación de las políticas de ajuste estructural dictadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial representó el abandono de los entornos agrícolas; el desmantelamiento del apoyo estatal a la pequeña agricultura y la eliminación de los incentivos a la producción y el consumo internos; la especialización de cultivos según un incierto modelo de ventajas comparativas, y la aceptación de los injustos términos del intercambio comercial planetario. Hoy día, han quedado en evidencia los efectos nefastos de la aplicación de esas directrices: el sometimiento de las necesidades alimentarias de mayorías depauperadas a las necesidades de los países ricos y la ambición de los especuladores, así como la generación de escenarios de desabasto y hambruna.
En el caso de México, el incremento de los precios de los granos ocurre en circunstancias particularmente adversas. En lo coyuntural, el país enfrenta la devastación causada por los huracanes Karl y Alex en Veracruz, Nuevo León y Tamaulipas que, a decir de la FAO, tendrá un impacto negativo en la producción de cereales. Más grave resulta el nivel de dependencia alimentaria –superior a 50 por ciento– que el país ha alcanzado en años recientes como consecuencia de la aplicación acrítica de las directrices neoliberales. Así lo demuestra, entre otros elementos, el incremento de 13.8 por ciento en las importaciones de maíz entre enero y julio de este año.
La recuperación de la soberanía alimentaria, a diferencia de lo que ocurre en otras naciones de la región y del mundo, no figura entre las prioridades del gobierno federal, a pesar de que se trata de un tema central y de evidente importancia para la seguridad nacional. Pero así sea para evitar una erosión mayúscula en la maltrecha gobernabilidad del país, se debe activar una política gubernamental que tenga como fin asegurar la alimentación básica de la población y preservarla ante las fluctuaciones de los mercados mundiales.

R. Zibechi. República Bolivariana

La Jornada. Domingo 26 de sep. 2010-09-26
República Bolivariana de Venezuela: pieza geopolítica global
Raúl Zibechi
Las principales potencias del mundo, tanto las emergentes como las decadentes, disputan los recursos naturales que posee Venezuela, convirtiéndola de ese modo en una de las más preciadas piezas del ajedrez estratégico global. La pugna electoral por el control del Parlamento, del próximo domingo 26 de septiembre, se enmarca en esa tensión de fondo.
El 16 de septiembre, la Gaceta Oficial publicó la ley 39.511 que aprueba el acuerdo entre los gobiernos de Venezuela y China sobre cooperación para financiamiento a largo plazo. Se trata de un crédito de 20 mil millones de dólares para financiar 19 proyectos de desarrollo. El pago de la línea de crédito se efectuará mediante la venta de petróleo crudo: para el año 2010, no menos de 200 mil barriles diarios; para el año 2011, no menos de 250 mil barriles diarios; para 2012 no menos de 300 mil barriles diarios.
El acuerdo fue anunciado por el presidente Hugo Chávez en abril pasado, remarcando que el volumen de la inversión china no tiene parangón en los 60 años de existencia de la República Popular. No se trata solamente del monto, dijo en su momento, “hay que darle una lectura política, geopolítica, de confianza”.
Venezuela ya envía a China cerca de 500 mil barriles diarios de petróleo, a los que deben sumarse 400 mil barriles que producirá una empresa mixta binacional que operará en la faja del Orinoco. Y, finalmente, los 300 mil barriles del reciente acuerdo. En total, las exportaciones de petróleo venezolano a China superarán el millón de barriles diarios. La misma cantidad que Venezuela exporta a Estados Unidos.
Geoestrategia china
“Todo el petróleo que China pueda necesitar para consolidarse como una gran potencia está aquí”, dijo Chávez el 18 de septiembre al recibir los primeros 4 mil millones de dólares del acuerdo. Para evaluar el acuerdo firmado, así como el volumen total de la inversión china en Venezuela, debe considerarse que la potencia asiática registró una inversión directa en el exterior de 56 mil 500 millones de dólares en 2009. La mayor de su historia. O sea, el acuerdo con Venezuela representa casi 36 por ciento del total anual en su mejor año. Y en un solo país.
Es evidente que nadie suelta 20 mil millones de dólares de un saque sin estar muy seguro de lo que está haciendo. Una cifra que equivale al PIB de Bolivia y Paraguay juntos, o a dos tercios del PIB uruguayo. Y no lo hace en cualquier país, sino en aquel que hasta ahora tenía el grueso de sus exportaciones focalizadas hacia Estados Unidos. En 2007, Venezuela exportó 1.3 millones de barriles diarios de petróleo hacia ese país, con lo que desplazó a México como tercer proveedor de Washington. Esas cifras señalan que cerca de 85 por ciento del crudo exportado de Venezuela va hacia los mercados de Estados Unidos.
China realizó además otras inversiones en Venezuela vinculadas a la explotación minera, que incluyen 50 proyectos para explotación de aluminio, bauxita, carbón, hierro y oro, así como otro acuerdo para ingresar en la faja Petrolera del Orinoco por 16 mil millones de dólares, que permitirá a PDVSA elevar la producción en casi un millón de barriles diarios. El reciente acuerdo al que se refiere Chávez incluye planes hasta el año 2030 para el desarrollo integral de ocho sectores: electricidad, transporte, minería, viviendas, finanzas, petróleo, gas y petroquímica. Y supone la construcción conjunta de taladros petroleros, plataformas, ferrocarriles que van a cruzar la faja del Orinoco y 20 mil viviendas en el sureste venezolano.
La inversión china en Venezuela asciende a 44 mil millones de dólares, toda vez que ya había un compromiso para un “fondo pesado binacional” de 8 mil millones de dólares. Es evidente que nadie arriesga ese dinero sin tener la seguridad de que no lo va a perder. Dicho de otro modo, China puede contar con que sus inversiones en Venezuela son seguras, mucho más allá de lo que suceda en las urnas. Así razonan todas las potencias del planeta.
Réplicas de Washington
En los pasados 12 años la antigua clase dominante ha perdido gran parte de su poder en Venezuela, al punto que un sector significativo de sus miembros emigró a Estados Unidos, Colombia y Perú, entre otros. Algunas de las mayores empresas del país, entre ellas PDVSA, CANTV, la principal empresa de comunicaciones, la mayor parte de los bancos así como empresas agropecuarias y millones de hectáreas de tierras improductivas, pasaron a manos del Estado.
Los principales riesgos para la continuidad del proceso bolivariano no radican en una burguesía declinante, sino en la nueva “boliburguesía” nacida del control de las empresas estatales y de cargos políticos, integrada por burócratas oportunistas que han hecho fortunas al subirse al proceso. Una parte de esos personajes fungen como cuadros del PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela). En las elecciones del domingo 26 no está en juego el proceso de cambios sino algo más sutil, pero no menos importante.
La Asamblea Nacional cuenta con 165 diputados, que serán renovados en su totalidad. Sesenta por ciento de los escaños se obtienen de modo nominal y el resto en forma proporcional. Tres pertenecen a circunscripciones indígenas. La lista que obtenga la mitad más uno de los votos en cada circunscripción, obtendrá 75 por ciento de los escaños del escrutinio proporcional. El asunto es que la Constitución establece que las leyes orgánicas necesitan dos tercios de los diputados para ser aprobadas y las leyes habilitantes, las que facultan al presidente a gobernar por decreto, requieren las tres quintas partes de los legisladores.
Como señala Ignacio Ramonet, “le bastaría a la oposición obtener 56 votos sobre 165, para impedir la adopción de leyes orgánicas, y 67 votos para imposibilitar la aprobación de leyes habilitantes. Hasta ahora las principales reformas han podido realizarse gracias precisamente a leyes habilitantes” (Le Monde Diplomatique, septiembre 2010).
Es muy probable que la oposición alcance alguna de esas cifras, por varias razones: la inseguridad que hace que Venezuela sea el país con mayor índice de homicidios del continente, junto a Honduras y El Salvador; una inflación galopante que alcanza 30 por ciento anual; la corrupción incrustada en todas las esferas del aparato estatal. Además, la oposición viene avanzando en años recientes: en las elecciones de 2008 ganó los tres estados más poblados (Miranda, Zulia y Nueva Esparta) y la alcaldía de Caracas.
Es posible que el chavismo no consiga los dos tercios, o sea 110 escaños. Los adversarios del proceso, los think tank estadunidenses, comprendieron que pueden bloquear el proceso bolivariano “desde dentro”, ya que atacándolo “desde fuera” (golpe de Estado, paros patronales y petrolero) no consiguieron más que blindar a la población de los cerros con el presidente Chávez. Ahora parecen apostar a una implosión del proceso o, en su defecto, a un cierre autoritario y defensivo.
El torbellino geopolítico
En el contexto del centenario de la Universidad Autónoma Nacional de México, Noam Chomsky expuso su visión del momento que atraviesa su país, Estados Unidos. Dijo que el control del mundo “no es cosa sencilla, ni siquiera para un Estado con un poder sin precedente”. Fue muy preciso al argumentar que “ese poder se erosiona por todos lados, y hasta en el patio trasero de Washington los súbditos se vuelven cada vez más desobedientes” (La Jornada, 22 de septiembre).
Sostuvo que el gran desafío proviene de China, pero alertó sobre un hecho poco comentado en los medios de comunicación occidentales, que revela el cambio hegemónico en curso, consistente en que “por un raro accidente geológico, China posee 97 por ciento de tierras preciosas, ricas en componentes indispensables para el desarrollo de la electrónica y la industria verde”. Dijo que ahí está el futuro y que las inversiones destinadas a la industria verde en China superan las que logran atraer los países europeos, Estados Unidos y Canadá juntos.
Una inteligencia fina y profunda no podía dejar pasar ese dato. Pero agregó otro elemento, para completar su visión del mundo: “Si Estados Unidos no es capaz de controlar a América Latina, no podrá imponer el orden en el resto del mundo”. Uno de los varios ojos del huracán geopolítico está focalizado en Venezuela, cuya alianza estratégica con China parece irreversible.

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